lunes, 4 de mayo de 2026

(3) Análisis geopolítico y solución para la guerra contra Irán y otras guerras — Partes 1, 2 y 3

NOTA IMPORTANTE: Para entender este artículo es imprescindible leerlo en el orden expuesto.







PRIMERA PARTE


Causas de las contraproducencias en las Administraciones de Joe Biden y Donald Trump


Las administraciones de los presidentes de Estados Unidos Joe Biden y Donald Trump, se han caracterizado por las contraproducencias de sus acciones. En cuanto a esta característica de la Administración Biden ya escribí en mi libro Aplicando Vacuna Antiataque Nuclear, enumerando muchas de sus acciones contraproducentes y analizando sus causas, que se reducen a una sola: la desmesura, el exceso, el abuso.

Aplicando Vacuna Antiataque Nuclear - Descarga

La más desastrosa y evidente hasta ahora de las acciones contraproducentes de Donald Trump es su guerra contra Irán, si bien hay otras mucho más graves, como es su manejo de la economía, la relación hostil con China, sus relaciones, también hostiles, con todo el resto del mundo y el manejo del problema migratorio, si bien en estos casos lo desastroso y contrario a lo pretendido en sus consecuencias no es aún tan patente como contra Irán ya lo está siendo. Esto, por supuesto, también se debe a acciones excesivas e inadecuadas, que no corresponden a lo necesario, sino que lo favorecen, lo atizan y empeoran.

Voy a analizar en el caso de Trump el origen de estos problemas tan graves, aunque desde otra perspectiva que se complementa con la expuesta en dicho libro, enmarcada más ahora dentro de mi Teoría del Equilibrio Universal (TEU), respecto a la cual ya publiqué un resumen, que puedes leer aquí:

Teoría del Equilibrio Universal

Esto es algo sobre lo que no escribí en detalle en TEU, si bien está implícito en la Ley del Equilibrio entre contrarios que en él enuncio y en otros ejemplos análogos que allí presento y analizo del mundo concreto.

Hay que señalar el hecho, muy importante, de que una causa fundamental de que el problema con Irán esté teniendo consecuencias contraproducentes mucho más notorias y acuciantes no solo obedece a la magnitud de este conflicto (mucho mayor que el hasta ahora desatado contra China directamente, por ejemplo), sino también el hecho, de suma importancia, de que este conflicto es un resultado de todo un patrón conductual psicológico de Donald Trump, su Administración y las que le preceden, sobre todo desde el fin de la Guerra Fría, consistente en excederse, en todas sus acciones (intranacionales e internacionales) tanto más cuanto más ven posible que pueden hacerlo.

Señalar este hecho es de extrema importancia porque implica un círculo vicioso que se autoalimenta, como una bola de nieve que conforme más cae cuesta abajo más grande se vuelve. Es un problema que se hace más grande con cada acción y con cada minuto que pasa, incluso, sin embargo, en el caso en cuestión comparado, cuando no se hace nada en sentido contrario para resolverlo, aunque la bola se detuviera, pero no se hiciera nada para reducirla hasta un tamaño razonable y sostenible, de acuerdo con las leyes de la física y de la Teoría del Equilibrio Universal, que en cierto modo también son físicas (y astrofísicas), además de lo que normalmente calificamos como sociales o de relaciones internacionales.

Voy a definir aquí ahora de una forma más profunda las razones de los efectos contraproducentes, incluyendo, primordialmente, entre los ejemplos que pondré, las cometidas por la Administración Trump y Estados Unidos desde hace décadas, que son causas, y síntomas a un mismo tiempo, crecientes de la decadencia que este país y Occidente padecen.

Como he explicado en mi libro Teoría del Equilibrio Universal, todo sistema aislado tiende al equilibrio, a dividirse primero en dos polos opuestos entre sí, que se equilibran adquiriendo fuerzas opuestas cuantitativamente iguales. Y esa tendencia siempre se concreta, o se recupera cuando por cualquier evento se ha perdido, aunque tome algún tiempo el proceso.

Así, por ejemplo, por ello, el mundo se dividió en dos polos que se equilibraron durante la Guerra Fría; posteriormente, con la desintegración de la Unión Soviética, ese equilibrio se perdió, pero, tal como predije en dicho libro, inmediatamente después se produjo, por naturaleza universal, una tendencia a la recuperación del equilibrio perdido en los planos político, económico y militar en el planeta (un sistema aislado), que actualmente está concretándose.

De hecho, si bien en la política internacional lo normal actualmente es que se hable de que el mundo está transicionando hacia una multipolaridad, la realidad es que este no es más que un camino intermedio hacia una nueva bipolaridad, análoga a la que existió durante la Guerra Fría, aunque con el reemplazo de la Unión Soviética por Rusia, China y otros países.

Aun cuando los políticos previeran esta realidad de hacia dónde nos dirigimos, seguirían diciendo, actualmente, por meras razones políticas, que nos dirigimos a un mundo multipolar, solamente como forma de mostrar un grado de mesura (y evitar contraproducencias) que no produzca una apariencia de activismo para conformar solo dos polos. La mera observación de que nos dirigimos a un mundo multipolar, suscita rechazo y reacciones adversas en los países, casi todos occidentales, que han constituido el lado unipolar, y hablar, desde ahora, de una tendencia a una nueva bipolaridad exacerbaría los rechazos y no solo en esos países, sino también los temores y las reservas en los de lado que en la actualidad se están encaminando a conformar el nuevo polo; lo cual entorpecería y ralentizaría, de forma inconveniente para todo el mundo, ese proceso de transición.

Incluso los países que no quieran pertenecer a ninguno de dichos polos se verán obligados a tomar partido para sobrevivir en un mundo interconectado, interinfluido e interdependiente. Algunos de ellos, incluso, no tomarán la decisión completamente por sí solos, sino que serán coaccionados a ello o serán absorbidos o secuestrados mediante la fuerza por otros países más fuertes, como en el caso de Venezuela.

No puedo aquí hablar mucho respecto a por qué los sistemas aislados alcanzan, siempre, un estado de equilibrio, en cualquier lugar del Universo. Para entender mejor esto, recomiendo leer mi libro Teoría del Equilibrio Universal. Aquí solo voy a decir que cuando un sistema aislado, como el planeta Tierra, o una casa incomunicada del resto del mundo, entra en desequilibrio, la parte, bloque o grupo más fuerte tiende a abusar de la parte restante y hasta de sí misma (de las partes que la constituyen) y, en consecuencia, el polo, facción o bando más débil, el abusado, tiende a oponerse con más fuerza a la parte abusiva, al mismo tiempo que la parte constituyentes de la parte opresora o más fuertes hacen lo mismo, debilitando esta parte, al perderse la cohesión interna e incluso al perderse partes de ellas que deciden emigrar hacia el bando contrario. Esto sucede indefectiblemente en todo sistema aislado, en cualquier lugar del Universo, incluso a 10,000 millones de años luz del planeta Tierra, por más avanzada que esté una civilización.

Esta característica del Universo no solo hace que todos los sistemas aislados tiendan a la justicia y al progreso, sino que garantiza, al máximo, estos estados. Así, un sistema aislado no solo tiende siempre al equilibrio, sino al mismo tiempo también, siempre, a la justicia y al progreso en los máximos grados posibles.

¿Por qué puedo asegurar que es así en todo rincón del Universo entero, y no solo en el planeta Tierra o entre los seres humanos? Porque esta no es una característica opcional del Universo, sino la única forma en que puede existir. Es decir, que no se trata solamente de potenciar y garantizar al máximo el progreso y la justicia, en todo el Universo, sino que el Universo no podría existir en absoluto de otra manera. Estas son las causas de ello:

Si no existiera ese proceso siempre tendiente hacia el equilibrio en cada sistema aislado (en proporción directa a su aislamiento, esto es, tanto más cuanto más aislado se encuentra), como lo es la Tierra en la actualidad, entonces el Universo entero no estaría en equilibrio, y podemos presumir, con toda seguridad, que sí lo está actualmente, porque sí pudiera estar en desequilibrio (sin ninguna limitación, sin ninguna tendencia en contra, hacia el equilibrio), entonces pronto alcanzaría (hace mucho lo habría alanzado) un estado de desequilibrio extremo, absoluto, consistente en una monopolaridad o singularidad tan comprimida, un agujero negro tan infinitamente pequeño y oscuro, que no habría nada perceptible en todo el Universo, excepto la tendencia a ser arrastrado todo hacia ese agujero (aunque pronto no habría nada que arrastrar). Todo el Universo sería un agujero negro, y hablar de lo que en el interior de ese agujero pudiera haber tendría tan poco sentido como hablar de lo que en su exterior pudiera haber. En otras palabras, no habría absolutamente nada en el Universo, ni dentro ni fuera de ese solo agujero negro que lo constituiría. Y puesto que hablar de un agujero negro infinitamente comprimido y pequeño será lo mismo que hablar de nada, no sería prácticamente más que hablar de una mera abstracción, como en las idealidades matemáticas (aunque no existiría ningún ser vivo o máquina para hablar de ello).

La tendencia al equilibrio en los sistemas aislados es lo que permite la existencia del Universo; es una característica extremadamente fundamental o esencial de él, sin la cual no solo no podrían existir la justicia, el progreso y la vida, sino tampoco el Universo mismo, ninguna materia, espacio ni tiempo.

Sin el progreso y la justicia que el equilibrio traen consigo, la vida tampoco podría existir, por lo mismo que la materia, el espacio y el tiempo no existirían: En cualquier sistema aislado en que un desequilibrio ilimitado pudiera existir, habría una reducción ilimitada de la justicia y del progreso, que pondría fin a la vida, en cualquier forma, o evitaría su surgimiento. La vida es resultado de la oposición entre las partes, y es directamente proporcional al equilibrio que entre tales partes hay.

En síntesis, equilibrio es sinónimo de justicia y progreso y desequilibrio es sinónimo de injusticia y atraso. Además, la justicia y el progreso se influyen recíprocamente. Cuanto mayor es la justicia, mayor es el progreso y viceversa. Y cuanto mayor es la injusticia, mayor es el atraso, y viceversa.

En el caso de los problemas que la Administración Trump está generando, es esencial el análisis de por qué el progreso depende del equilibrio. La explicación, en lo esencial, es tan elemental, que cualquier persona con un mínimo de conocimientos de economía debería saberlo: el progreso depende de la competencia, como es bien sabido.

Pero ello, además, implica que el grado de progreso depende del grado de competencia. Lo que a su vez significa que cuanto más se cierra un país o una persona a la competencia, cuanto más se protege contra esta, menos progresa, más se atrasa. Este atraso es uno de los más graves problemas de Estados Unidos que la Administración Trump está generando mediante su proteccionismo, al rechazar competir libremente con China y con otros países, un tema al que volveré.

Para la superación de la decadencia de Occidente (Estados Unidos y gran parte de Europa), es imprescindible conocer sus causas, o la causa a que estas se reducen: el desequilibrio, creciente además, generado con el fin de la Guerra Fría, que despojó a Estados Unidos del contrapeso que el bloque comunista le significaba.

Desde el punto de vista actualmente imperante en los países occidentales, ello los libró de un peso despreciable, innecesario, del que habían estado tratando de deshacerse. Sin embargo, la caída de la Unión Soviética es lo peor que ha sucedido a Estados Unidos en toda su historia, y una de las más graves calamidades que han azotado a Europa.

Lo peor que puede ocurrir a cualquier ser vivo o entidad viviente (un país, por ejemplo) es que su principal competidor desaparezca o se debilite notablemente, puesto que de esa competencia dependen su propio progreso y justicia, y de estos su vida. La "victoria" estadounidense frente a la URSS, en realidad fue una catástrofe descomunal para el propio Estados Unidos, que lo ha venido atrofiando, en todos los aspectos, desde entonces. Mientras tanto, al mismo tiempo, ha venido sucediendo lo que, por ley universal de la naturaleza, siempre ocurre en estos casos: Puesto que la injusticia de Estados Unidos en sus relaciones internacionales e intranacionales se fue incrementando, fue al mismo tiempo estimulando y produciendo un creciente progreso y justicia (conciencia y sed de su necesidad, y su consecuente implementación) en Rusia, China y otros países, que han venido siendo víctimas y testigos de los cada día peores abusos estadounidenses.

Al cabo de unas pocas décadas, en que el lado "ganador" y crecientemente opresor, Occidente, se fue estancando, atrofiando y degradando en todos los aspectos (económico, militar, social, cultural, etc.), debido a esa falta de competencia y rivalidad, al mismo tiempo el lado "perdedor" o derrotado y crecientemente oprimido, Oriente, fue ganando en progreso en los mismos aspectos, hasta llegar el momento, inevitable y predecible, de comenzar a enfrentarse a la parte opresora, que es el tiempo en que nos encontramos.

Antes de continuar, debo hacer una aclaración imprescindible para que pueda entenderse esto. El equilibrio al que me refiero ocurre siempre en un sistema aislado, en todo sistema aislado en el Universo, si bien no es necesariamente así en los sistemas comunicados. Es muy necesario conocer esta diferencia en posibilidades entre estas dos posibles condiciones de los sistemas: el aislamiento y la comunicación con respecto a otros sistemas.

Por ejemplo, en el caso de una familia que vive en una casa incomunicada con cualesquiera otras personas o seres vivos que puedan ejercer influencia significativa, se producirá, indefectiblemente, un equilibrio de dos fuerzas al haber conflictos entre sus partes. Si el padre es demasiado fuerte al enfrentarse a su mujer, uno o varios de los hijos se pondrán de parte de ella, o viceversa, pero las fuerzas opuestas se equilibrarán. Si uno de ellos muere o se va de la casa, los que permanezcan cambiarán sus posiciones de manera que se restablezca el equilibrio que se ha perdido. Si en la casa no vive más que una pareja, sin hijos, y el hombre es físicamente más fuerte que la mujer, esta se volverá más agresiva en la medida en que, ocasionando un desequilibrio, las agresiones del hombre se conviertan en abusos, y lo hará en la medida suficiente para neutralizar ese desequilibrio.

En cambio, en el caso de una familia que vive en una casa comunicada con otras personas, por ejemplo, en una colonia, el desenlace sí puede ser diferente. No necesariamente se producirá equilibrio entre los miembros de la familia, puesto que pueden intervenir otras personas de otra u otras casas, o la policía, o, a veces, por la sola amenaza de que esto llegue a suceder.

Lo común en los sistemas comunicados o subsistemas es el desequilibrio, y la gente normalmente solo sabe de casos de este tipo de sistemas, los comunicados, en desequilibrio. Por ejemplo, en el periódico a diario vemos noticias como la de que una persona o varias golpearon o mataron a otra u otras personas, o, de vez en cuando, que un país atacó y derrotó a otro. En el caso de estos sistemas, ni siquiera, normalmente, se sabe por cuántas partes están compuestos ni qué otros sistemas externos están influyendo, porque o no están compuestos por la víctima y el victimario solamente, o porque hay otras partes fuera de ese sistema que están influyendo.

Pero en el sistema general, el que no está en relación con ninguna otra influencia significativa, y en que todos los actores son visibles, el resultado es siempre previsible (predecible): el equilibrio, aunque dentro de él, en los subsistemas, puedan producirse desequilibrios, que se neutralizan entre sí.

Entender que la causa de la decadencia de un país o bloque de países "ganador" es el desequilibrio (el cual lo ha atrofiado, estancado y lo ha vuelto abusivo hacia los demás y contra sí mismo), y que, por lo tanto, no es en realidad un ganador, sino un perdedor y víctima de sus circunstancias, es imprescindible para superar la decadencia.

De otro modo, ese país, en lugar de buscar equilibrio moderando sus acciones, se sentirá amenazado por quienes se defienden de sus abusos, y atacará esos sanos intentos equilibrantes de otros países, empeorando la situación, para esos países; pero sobre todo para sí mismo, porque todo país o persona opresora, dentro de cualquier sistema aislado, se encuentra en desventaja en relación con la parte oprimida.

Todo acto que procura mantener o defender un desequilibrio es contraproducente, porque es excesivo, y lo es mucho más si lo que procura es incrementar ese desequilibrio.

En mi libro Aplicando Vacuna Antiataque Nuclear, expliqué, con múltiples ejemplos, que las contraproducencias son efectos de actuar excesivamente, abusivamente, de ejercer una influencia cualquiera (incluso benéfica) excesivamente, con abuso cuantitativo. Si, por ejemplo, se desea fortalecer a un regimiento de soldados incentivándolos con algo, como, por ejemplo, libertad o regalos, y ese aliciente es desmesurado o desproporcionado para lo que necesitan o merecen, se les debilita, en lugar de fortalecérseles. Y así es también cuando se ataca a otra persona o a un país, por cualquier causa. El efecto es contraproducente en todos estos casos y en todos sus análogos de excesos.


Cómo saber de antemano si cualquier guerra va a ser ganada o perdida


Con base en lo antedicho, Estados Unidos ha perdido todas sus guerras porque todas sus guerras han sido con el fin de incrementar un desequilibrio geopolítico. Así que una forma muy sencilla de saber por anticipado si una guerra (en el sistema aislado Tierra) que se considera emprender va a ser ganada o perdida es responder a esta pregunta:

¿Se considera llevarla a cabo con el fin de lograr un equilibrio (o acercarse a él) o con el fin de producir (o incrementar) un desequilibrio?

Si el plan es con el primero de los objetivos, es casi seguro que se perderá la guerra. Si es con el segundo de los fines, la guerra, muy probablemente, va a ganarse.

El grado de las probabilidades que aquí menciono, al decir "es casi seguro que" y "muy probablemente", depende del grado de equilibrio o desequilibrio ya existente en el sistema y del grado de desequilibrio o equilibrio que se pretende establecer.

Así, cuanto mayor es el desequilibrio existente, tanto mayor es la dificultad para ganar una guerra en la que se pretende incrementar aún más ese desequilibrio, y tanto aún más difícil es cuanto mayor es el desequilibrio que se pretende añadir.

Estados Unidos es como un muchacho brioso (e hiperactivo) que mira y camina hacia todos lados en busca de algo que hacer (en su beneficio). No hay nada de malo en esto en sí. Esto es lo que permitió a este país alcanzar un nivel de progreso por el que pudo competir con la Unión Soviética. Al desintegrarse este país, el muchacho (EE.UU.) tuvo la oportunidad de apropiarse de muchas cosas que quedaron abandonadas por la URSS, y lo hizo, lo que es natural. En un planeta en el que por primera vez sucede esto (una unipolaridad), ese muchacho no sabe que lo que encontró abandonado y tomó para sí, en cierto modo no le pertenece o le pertenece solo temporalmente, mientras reaparece el dueño.

En todo sistema o planeta (aislado) en cualquier lugar del Universo, siempre existen dos dueños igualitarios de ese sistema. Dos son siempre dueños por igual, a partes iguales, y siempre están en competencia entre sí. Esta es una ley universal que implica dos dueños abstractos, que toman siempre una forma concreta que puede variar o cambiar con el tiempo. La URSS, al igual que EE.UU., no fue nunca el dueño eterno de ese lugar. Cada dueño lo posee y lo conserva mientras lo logra, pero todos los demás tienen también la oportunidad de ser el dueño de una, y solo una como máximo, de esas dos mitades del sistema.

La vida, interacción, interrelación, "juego" o relación internacional dentro de cualquier sistema aislado (como, por ejemplo, un planeta como la Tierra), el terreno (cancha, tablero, arena) al igual que en muchos deportes, se divide siempre en dos partes que siempre son iguales en tamaño y forma (de otro modo el juego no sería justo), que pueden, por turnos, ser ocupados por muchos equipos distintos; y es en este sentido en el que aunque un equipo domine un partido, por ejemplo de futbol, nunca le corresponde, por derecho propio, más que una mitad del terreno de juego. Y aquí termina la analogía, porque cualquier deporte se lleva a cabo dentro de un sistema comunicado, no en uno aislado, y por ello en los deportes un competidor puede ganar al otro; pero en un sistema aislado (como la Tierra), ganar la competencia muy raramente es posible y esa victoria es siempre temporal, por muy breve tiempo.

La Teoría del Equilibrio Universal no dice que sea imposible el desequilibrio (no dice que sea imposible que un bando gane al otro dentro de un sistema aislado); lo que explícitamente dice es que siempre que esto sucede, el equilibrio se restablece a la mayor brevedad posible. No se trata, pues, de un cumplimiento de una rigidez ni exactitud matemática en sus detalles (si bien sí en su esencia), ideal o abstracta, sino de algo concreto flexible en detalles, como, por ejemplo, en el caso en lo esencial análogo de que los individuos y especies de seres vivos (tal como en la Tierra se les conoce) dependen siempre del agua (como del equilibrio) para vivir, aunque puedan soportar periodos breves de escasez de este elemento. En la vida real o concreta, la perfección no existe en los detalles, sino en lo esencial.

La civilización en el planeta Tierra es demasiado joven para tener más de una vez experiencia de unipolaridad geopolítica, y puesto que esta es la primera vez que esto aquí sucede, el muchacho "ganador" camina ahora por el mundo en la creencia de que lo que en las últimas décadas ha ido encontrado, abandonado, y tomando para sí, es suyo, hasta un grado tal de que, posiblemente, durante ese tiempo llegó a convencerse incluso de que Dios le concedió ese privilegio, por algún merecimiento extraordinario, lo que le dificulta aún más la convivencia con otros que, luego de un tiempo de ausencia, se acercan a recuperar lo que les corresponde.

No es que Rusia y China hayan conocido esto de forma científica racionalista (a priori) o empirista (a posteriori), y por eso lo hagan, porque para el caso ese conocimiento es prescindible: Lo hacen por un instinto de supervivencia, que se traduce en sentido común, que habita en todos los seres vivos del universo, por el cual cuando vemos que una parte está siendo abusiva a consecuencia de un exceso de poder que ha acumulado, es de vital necesidad que el resto del sistema una sus fuerzas para limitarla y regresarla a la moderación, en beneficio de la justicia y el progreso del sistema entero. Es como cuando un grupo de personas (aunque sean desconocidas entre sí) ven en la calle un perro con rabia atacando a otros; de inmediato se unen y se coordinan para hacer algo contra ese problema; y si cuatro personas no son suficientes, llaman a otra u otras. Y si todas las que hay no son suficientes, entonces emplean métodos más inteligentes, más arriesgados, más agresivos o más violentos.

Debido a dicha inexperiencia humana, es comprensible que cuando un muchacho por primera vez se encuentra en esa situación, reaccione con escepticismo, incredulidad, decepción, desilusión, indignación y resistencia. Sin embargo, ¿es realmente el conocimiento del equilibrio una mala noticia? No, por supuesto. Es en realidad la mejor noticia que puede haber, para cualquier ser vivo o grupo de estos, porque implica una garantía de justicia (y de equidad), de progreso y de supervivencia en un sistema aislado.

La adquisición, aceptación y aplicación de este conocimiento del equilibrio que rige a todo el Universo es la mejor salida del grave problema de la decadencia de un país. La única otra salida que el opresor o usurpador tiene es esperar a que los demás lo obliguen, por la fuerza, a moderarse.

Si el hecho de iniciar una guerra que pretende el incremento de un desequilibrio conduce al fracaso o es contraproducente, ¿por qué Estados Unidos pudo tomar Venezuela? Porque eso no fue una guerra, sino un engaño y un autoengaño contraproducente. Un engaño al presidente de ese país, mediante una negociación subrepticia, que posiblemente implicó el pago de la recompensa que ya se ofrecía, o sin duda el simple pago de quedarse con ese poder, compartidamente. Y a la vez un autoengaño de Estados Unidos hacia sí mismo, por el cual se convenció que podía la guerra contra Irán, que enseguida acometió.

En términos más estrictos de la Teoría del Equilibrio Universal, cuando EE.UU. tomó Venezuela, incrementó el desequilibrio que ya había y, con ello, al mismo tiempo, incrementó proporcionalmente (enormemente, puesto que fue un secuestro de enorme peso, económico y político) la tendencia al equilibrio, es decir, la presión, desde otras partes del mundo, hacia el equilibrio. Eso no fue muy notorio en semanas siguientes, porque Rusia y China, debido a la sobriedad y la moderación que los asiste como habituados a ser oprimidos, luchadores y pacientes desde hace décadas, casi guardaron silencio. Expresaron, por supuesto, su desacuerdo. Pero Trump, habituado a expresar sin limitaciones y de inmediato su indignación, esperaba que Putin y Jinping reaccionaran de ese mismo y que si no lo hacían era porque no le estaban dando la importancia que tenía (por escasez de inteligencia y/o por cobardía). Esto fue parte del autoengaño. Desde esos momentos, por conocimiento de esa presión acrecentada hacia el equilibrio generada por Donald Trump al apropiarse de Venezuela, yo sabía que Rusia y China, a pesar de su astuto silencio, iban a reaccionar de una manera muy distinta ante el próximo ataque de EE.UU. a Irán que como reaccionaron en los bombardeos de junio de 2025. Y así ha sido.

Mientras Donald Trump siga considerando la sana y sensata mesura de Vladimir Putin y/o Xi Jinping como debilidad (estupidez o miedo), continuará generando contraproducencias en cada cosa importante que haga en la arena internacional, incluyendo cada acción que no directamente se relacione con Rusia y/o China.

El problema del muchacho brioso que de repente se topa con el engañoso "regalo" de algo valioso tirado en el suelo y se aferra a la idea de que él es el dueño, es que si no lo devuelve por decisión propia le va a ser arrebatado, por la violencia o por otro medio dependiendo de cuánto y cómo se oponga a ello.

El incremento del desequilibrio mediante esa forma de invasión a Venezuela y su ilegal apropiamiento, entonces sí muy contraproducente para EE.UU., solo que el pago por ello fue diferido a un evento ulterior, en Irán. Allí es donde Rusia y China sobre todo e Irán están cobrando la factura a Donald Trump, doblemente: Por sus excesos contra Venezuela y por sus excesos contra Irán. Al mismo tiempo, aparte de esa cuenta aún no pagada, hay otra deuda de Estados Unidos y otros países occidentales a estos países, y a muchos otros, por el cúmulo de sus incontables excesos durante décadas.

En mi libro Teoría del Equilibrio Universal hablo del hecho de que existe un tipo de placer (sexual y de otros tipos) que llamo placer infractivo, que se ve naturalmente propiciado en las personas cuando sienten bienestar o euforia. Este fenómeno explica resultados decadentes como el de la explotación infantil en el caso Epstein.

Es necesario tener conciencia de esto y saber decidir de qué forma canalizar ese bienestar, euforia o exceso de energía. Estos estados no son en absoluto en sí malos, de ningún modo. Y tampoco lo es siempre el placer infractivo, obtenible del hacer cosas prohibidas, siempre y cuando tales infracciones no contravengan alguna ley, sino que solo quebranten tabús y convencionalismos sociales. Como menciono en el libro, que un hombre, por ejemplo, llame "puta" a una mujer que desea y consiente este trato, puede ser una forma sana (siempre que sea de común acuerdo) de obtener placer (un tanto sadomasoquista, que en niveles relativamente moderados es completamente natural y sano), mediante la descarga, así, de un excedente de energía, cuya contención puede llegar a ser desagradable e incluso inaguantable. Por esto, he adjetivado este placer como infractivo, y no como violador.

Un exceso de energía es un privilegio que no todos logran, y que puede ser muy productivo y creativo, si se canaliza adecuadamente. China y Rusia están entre los países que mejor canalizan tales excesos, de maneras moderadas y, por lo tanto, exitosas. Encontrar y elegir formas moderadas (no ilegales) de liberar excesos de energía es la forma inteligente de que, individuos y naciones, restablezcan su equilibrio energético interno y en sus relaciones con los demás.

Lo anterior no significa que China y Rusia sean países más inteligentes que Estados Unidos. El único país que en la historia reciente en este planeta ha vivido la experiencia de quedarse solo en una contienda y apropiarse de los guantes del oponente es Estados Unidos. Y es seguro que Rusia y China habrían actuado del mismo modo, desconcertado y desconcertante, en que EE.UU. lo está haciendo ahora, de haber tenido esa misma experiencia. Ningún país o parte en conflicto dentro de un sistema aislado puede sostenerse en equilibrio por sí sola. Por naturaleza, todos los seres vivos (y cualquier otra cosa existente en el Universo) necesitamos una influencia externa para mantenernos en equilibrio. Sin embargo, esto no evita que el conocimiento de la ley del equilibrio entre contrarios no pueda sernos de utilidad para ayudarnos a nosotros mismos cuando se presente cualquier coyuntura en que se haya producido un desequilibrio en "nuestro favor".

Conviene, por tanto, saber identificar un desequilibrio. En los últimos años se viene hablando de que, debido al creciente fortalecimiento de países como Rusia, China y otros (dentro de los BRICS, por ejemplo), y al debilitamiento de Estados Unidos, se está creando un contrapeso contra los abusos de la potencia norteamericana. ¿Se ha alcanzado ya tal equilibrio, o en qué momento podremos saber que ya se alcanzó? No, no se ha alcanzado ya el equilibrio. Tres signos muy claros de que existe todavía un desequilibrio grande en el mundo actual, aunque ya está muy cerca de equilibrarse, son los siguientes hechos:

1. Mientras Estados Unidos se da el lujo de enviar buques de guerra a atacar a un aliado de Rusia y China que está muy cerca de estos países y muy lejos de aquel, sin que Rusia ni China abiertamente reconozcan por completo la magnitud de su factual oposición a esos ataques de Estados Unidos, este aún se atreve a anunciar que pretende continuar con la doctrina de América para los americanos con respecto a Cuba, mientras agrede, y amenaza con más agresiones, ilegalmente, a este país, que es un aliado de Rusia y China.

2. Mientras Israel tiene armas nucleares y no lo oculta ni se le castiga por ello, Estados Unidos e Israel sí recriminan y castigan, de varias formas, a Irán, negándole que tenga el mismo derecho que ellos a tener armamento nuclear.

3. Estados Unidos insiste en abiertamente enviar armamento a Taiwán contra China misma, al tiempo que amenaza a este país por la sola sospecha de que esté enviando armamento a Irán para que se defienda de las ilegales agresiones de EE.UU. e Israel.

Estos tres hechos, que indican un claro desequilibrio geopolítico, al mismo tiempo constituyen tres procesos contraproducentes para su gestor, que en muy poco tiempo restablecerán el equilibrio en el planeta.

La única forma en que Estados Unidos puede superar sus múltiples graves problemas actuales y su decadencia actual es cobrando conciencia de que la causa de todo esto es el desequilibrio en que se encuentra y de que, él mismo, debe abandonar su actual camino hacia forzar un incremento del desequilibrio (lo que es totalmente contraproducente) y tomar el camino de la moderación, que es el único que, verdaderamente, lo va a refortalecer. Lo contrario es solamente retroceso y autodestrucción.

El reconocimiento de esto implica, en concreto, deshacer muchos cambios excesivos hechos y comenzados o retroceder en ellos, o redirigirlos por canales de provecho, y emprender otros caminos verdaderamente productivos.


Cómo salir de la guerra contra Irán


Estados Unidos tiene dos formas de salir de la guerra que con Israel inició contra Irán. Una es continuar con sus excesos y los de Israel, como se ha hecho hasta ahora, empeorando mucho más la situación, y llegando a un punto en el que Donald Trump o se verá obligado a renunciar al cargo o se le va a destituir. Es totalmente seguro que esto es lo que va a ocurrir al continuarse por este camino, porque no hay ninguna forma de que así EE.UU. gane esta guerra.

Y hay todavía una forma, actualmente en muy alto riesgo de perderse pronto irremediablemente, de que Donald Trump salga de esta guerra de manera tal que no sea visto en Estados Unidos ni el resto del mundo como un perdedor, sino un benefactor, y que con las acciones posteriores adecuadas se recupere y no pierda la presidencia.

Para que Donald Trump pueda recuperar su popularidad dentro de los Estados Unidos, las acciones de tal postguerra son esenciales. Sin ellas no habrá conseguido más que salir de esta guerra airoso, para continuar con los mismos errores y deshacer lo conseguido en este trance.

Por esto, me he tomado el tiempo de exponer todo lo anterior, porque es necesario que el cambio sea sistemático y aplicado a todos los casos, de los que dependerá que Trump continúe o no en la presidencia de EE.UU.

Como es bien sabido, todo problema constituye una oportunidad para salir mejor parado que como se entró, y esta no es la excepción, todavía.

Antes de continuar hablando de esto, haré un breve paréntesis para hablar sobre el hecho seguro de que escalar un poco más este conflicto, militarmente, llevará a que para Donald Trump sea ya totalmente imposible, haga lo que haga después, recuperar su popularidad y continuar en la presidencia este año.

Desde el momento en que Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra contra Irán, y hasta la fecha, los iraníes han podido siempre hundir cualquiera de los más grandes buques de guerra, incluyendo los portaaviones, que EE.UU. allí ha desplegado, e incluso una flota entera. Tiene los misiles apropiados para ello. Y el hundimiento de cualquiera de estos buques sería algo de lo que Trump de ningún modo se podría recuperar. Una vez hundido uno de estos barcos (un destructor o un portaaviones), no habría absolutamente nada con lo que Donald Trump pudiera mantenerse en la presidencia, puesto que sus únicas posibles reacciones a ello serían escalar mucho más el conflicto, produciendo mayores problemas mundiales, o retirarse, sin más, declarándose absoluto perdedor. Nada de eso resolvería nada y esa pérdida tan grande sería absolutamente imperdonable para los estadounidenses.

Los iraníes lo saben bien y, sin embargo, no han procedido así desde el principio de la guerra, por una razón muy lógica y muy conveniente: Planearon su reacción de tal manera que tuvieran la oportunidad de destruir las bases militares estadounidenses en la región desde las que fueron atacados, y debilitar y someter a los países que las albergan, a la vez que a Israel y EE.UU.

Desde antes del inicio de esta guerra, en gran parte por las razones que ya mencioné en mi artículo La desastrosa derrota de Estados Unidos e Israel en Oriente Medio, los iraníes sabían que aunque podían despachar de regreso a la armada de Estados Unidos totalmente derrotada, ello habría dejado en Medio Oriente circunstancias muy desfavorables, que no habría sido posible cambiar por razones políticas y mediáticas. No habrían tenido la oportunidad de conseguir todo lo que han logrado de haber destruido uno de esos barcos desde el principio.

El proceder de Irán, como el de Rusia y el de China, en los conflictos militares y económicos que están estos países enfrentando con Occidente, se desarrolla con tal mesura que sus ataques sean contraataques y, si bien contundentes, sin desmesura. Occidente, para su propia desgracia, no ha sabido, por supuesto, interpretar esto como actos de sensata sobriedad, que gana en la esfera mediática y en la política internacional, sino como debilidades, un error de percepción muy típico de quienes han perdido el suelo por la arrogancia y por otros excesos.

Sin embargo, la guerra ha llegado no solo a un punto en que los antedichos objetivos iraníes ya se alcanzaron, sino que, asombrosamente, EE.UU. incluso, para el bloqueo que está llevando a cabo, ha acercado aún más algunos de los buques de su armada a costas iraníes, de modo tal que es ahora mucho más factible, y mucho más probable, hundirlos. Así, cualquier agresión agravada de EE.UU. o de Israel, tendrá como muy probable, por no decir que segura, reacción iraní la destrucción irreparable de uno de esos buques cuando menos, o los necesarios para que el pueblo de Estados Unidos dé fin al conflicto inmediatamente. Y no habrá entonces nada que Trump pueda hacer para recuperarse de esto.

Pero todavía hay una forma, y solamente una, en que es posible negociar el fin de este conflicto de tal modo que, dependiendo de que las acciones de Trump posteriores, en otros casos y en otros ámbitos, sean congruentes con una sensata manera de actuar, sistemáticamente, haya una destacada recuperación.

Para negociar con Irán la solución a este conflicto, hay que tomar en cuenta sus causas y la situación que le han dado pie. Las soluciones sintomáticas o paliativas son temporales y, en rigor, no constituyen verdaderas soluciones, sino solo apariencias o simulaciones de que lo son. De lo que se trata es de atacar el problema desde sus raíces. Atender meramente lo superficial, en cualquier problema, es como procurar curar la lepra con puro ungüento. La solución debe ser etiológica, de fondo, para perdurar o ser definitiva.

El problema en Oriente Medio es demasiado complejo para resolverlo ahora mismo completamente, en una sola negociación, incluso comenzando ya a atender sus causas; pero, así, mediante un tratamiento etiológico, es posible hacer avances significativos, cuyos efectos no sean fugaces y, mediante otros cambios, se logre una paz mucho más duradera.

Antes de continuar, debo hablar también en cuanto a la decisiva diferencia entre los tratamientos "médicos" —en todos los ámbitos de la vida por extensión— superficiales y los aplicados a la raíz.

A continuación, mencionaré cuatro casos concretos de la actualidad internacional que muestran claramente la total ineficacia de aplicar un tratamiento sintomático a un conflicto y la entera eficacia de resolverlo verdaderamente, desde su raíz. Resolver un problema del todo requiere, además, que su tratamiento sea integral, sistémico, como más abajo muestro.

1. Durante el actual conflicto en Oriente Medio, debido al parcial bloqueo del estrecho de Ormuz que llevó a cabo Irán, se ha considerado seriamente que, como lección de tal efecto adverso para casi todos los países hostiles a Irán en el Golfo Pérsico, se ha aprendido que una forma de evadir esa obstrucción es simplemente construir oleoductos que conecten con el mar Rojo.

La inutilidad de ese intento de solución se hace evidente si consideramos que su construcción es muy costosa, y muy dificultosa políticamente, y toma años, mientras que ponerlo fuera de servicio, mediante un misil o un dron, es comparativamente muy barato y toma tan solo minutos u horas.

Los oleoductos, gasoductos y cables, como los puentes, están normalmente, en las guerras, entre los más vulnerables y principales de los objetivos militares enemigos. Hay muy poco que pueda hacerse para evitar que se les destruya. De hecho, para Irán sería mucho menos difícil y más económico inutilizar un oleoducto, o una serie de estos, que mantener bloqueado el estrecho de Ormuz.

2. Reducir la migración ilegal en Estados Unidos ha sido sumamente costoso económicamente (por el gasto en la construcción del muro fronterizo, vigilancia y detección, persecución, deportación y encarcelamiento, y la reducción en productividad tras esa merma laboral) y en política interna (por los numerosos y muy serios incidentes con el ICE). Sin embargo, estos problemas son realmente solucionables a costos mucho menores, mucho más rápido, de forma duradera o definitiva y muy productiva (para EE.UU.), si se les atiende desde su origen, para evitar que lleguen hasta ese punto.

3. En el caso del tráfico de drogas, la distancia entre la ineficacia de los esfuerzos o combates y el costo en la salud, y en todos los demás aspectos, por la drogadicción masiva, es mucho mayor que en el caso análogo antedicho. Y, no obstante, este grave problema es también solucionable a costos mucho menores, sin violencia, mediante contribuir a su atención desde su origen.

4. El Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), firmado en 2015 entre EE.UU. e Irán con el fin de evitar que este país desarrolle armas nucleares, es otro claro ejemplo de un intento de solución que resulta totalmente inútil en la realidad, debido a no atender las causas del problema, sino limitarse a mecanismos que, por más que se revisen, se "mejoren", aumenten y afinen, serán siempre inútiles. No llegar a este conocimiento es consecuencia de la misma falta de empatía por la que no se ha llegado a entender la vulnerabilidad de la que Irán trata de protegerse ante un Israel abiertamente genocida debido a ese desequilibrio antes mencionado, consistente en su posesión de armas nucleares, única en la región, y al apoyo irrestricto de Estados Unidos.

Si Estados Unidos viera las cosas desde la perspectiva de Irán, colocándose en su lugar, comprendería no solo la postura de este en cuanto a su necesidad de protegerse, sino también, si lo piensa en serio, a fondo y en detalle —como tendría que hacerlo ante esa perspectiva tan desventajosa—, que no habría ninguna forma de que mediante inspecciones extranjeras en su territorio, por perspicaces y minuciosas que se lograran, le impidieran el desarrollo de un arma nuclear.

Al respecto, por ejemplo, este artículo dice:

El director general del OIEA [Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Mariano Grossi] considera poco realista impedir que la república islámica obtenga una bomba nuclear.

El titular del OIEA señaló que, aunque el enriquecimiento de uranio es complejo, no requiere un nivel de sofisticación inalcanzable. Como ejemplo, recordó que durante la vigencia del acuerdo nuclear de la era Obama —el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC)— Irán utilizaba centrífugas muy básicas. En cambio, en los tres o cuatro años posteriores al colapso del pacto, Teherán logró desarrollar rápidamente ultracentrífugas mucho más precisas y eficientes. Grossi advirtió que, dado que estas máquinas pueden fabricarse en pequeños talleres de cualquier ciudad, frenar esa capacidad militar iraní resulta ahora prácticamente imposible.

Esa información contiene una contradicción, porque enseguida añade:

Preguntado sobre cómo detener el programa nuclear iraní, Grossi opinó que "lo que se debe detener es un programa de armas nucleares, puesto que cualquier país puede tener un programa nuclear". Según el experto, eso podría lograrse mediante "un régimen de inspección" que permita que "el OIEA haga su trabajo".

Grossi sobre Irán: "No se puede destruir completamente un país"
Lo importante aquí es que Estados Unidos puede saber la verdad al respecto simplemente haciéndose estas dos preguntas: 

1. ¿De qué manera podríamos nosotros crear, desde cero, un arma nuclear a pesar de inspecciones como las que pretendemos realizar a Irán para evitarlo?

2. ¿Tenemos algo que Irán no tenga para el alcance de este objetivo?

Considero que algo que podríamos responder en relación con la segunda de estas preguntas es que Irán sí posee algo que Estados Unidos no tiene: Un deseo vital, existencial, de protegerse, que EE.UU. podría omitir en este experimento imaginario de empatía, y que, por ello y solo por ello, además, la respuesta a la primera de estas preguntas podría ser asimismo descuidada o incluso amañada, y falsa o cuando menos —peligrosamente— defectuosa.

¿Por qué no someterlo, con un premio a quien lo logre (para ser realistas), a una lluvia de ideas a estudiantes universitarios (no necesariamente en el MIT), sin mencionar a Irán, sino, en su lugar, a Estados Unidos en el hipotético estado de desequilibrio, amenaza y vulnerabilidad de entorno que actualmente vive el país persa?

De cualquier manera, si EE.UU. decide tratar de imponer ese inútil trato a Irán (otra vez inspecciones, de cualquier naturaleza), este país va a rechazarlo, porque, actualmente, no solo no hay ningún motivo para que lo acepte, sino que los hay, muy fuertes, para rechazarlo, y lo mismo en cuanto a sus misiles.

Sin embargo, si nos empeñamos en imaginar que Irán, por algún imposible o increíble motivo, pudiera aceptar ese trato, el problema sería incomparablemente más grave que en la actualidad y que en toda la historia de esta conflictiva relación, porque un gobierno estadounidense, como el de Trump, por ejemplo, que, por cualquier causa política o de otra índole u otro error, presumiera o propugnara que Irán no podría desarrollar un arma nuclear mediante tales inspecciones acordadas, entonces las raíces del conflicto seguirían intactas, Irán desarrollaría armas nucleares, las recibiría de algún aliado o se acogería a algún paraguas nuclear (siendo innecesarias estas últimas opciones, puesto que Irán incluso solo puede hacerlo) ante un pueblo y/o un gobierno estadounidense desinformado y desprevenido, y, posiblemente, en otro grave abuso de EE.UU. y/o Israel, Irán detonaría una de ellas en alguna ciudad del país norteamericano. Considero esto poco probable, en consideración de que Irán no es proclive a ello; pero es indiscutible que cualquier nación que se ve tan presionada como lo ha estado siendo Irán podría llegar a ello, por naturaleza de supervivencia.

Por esto, es necesario responder en serio y con cuidado a las preguntas antedichas.

La única opción razonable, viable y conducente a una salida provechosa del conflicto está en atender su raíz, y esta está en el desequilibrio.

Puesto que, además, en este conflicto, la confianza iraní, lógicamente, ha descendido ya a mínimos que dificultan más su solución, es precisamente aún más indispensable que se atienda desde sus raíces y no en su nivel epidérmico.

Debido al menoscabo acrecentado en la confianza, para su pronta y su menos costosa resolución, es imprescindible manejar aquí, en esta negociación, fundamentalmente elementos sólidos, hechos concretos y significantes hacia el equilibrio, efectuados inmediatamente antes o en su transcurso, y no después, y evitando promesas que suenen vacías, sino resoluciones legales para su inmediata, firme y continuada ejecución.

La conciencia imprescindible de que el fin de esta guerra (y la solución a todos los males que aquejan a Estados Unidos) está en un actuar sistemáticamente con equilibrio, sin excesos, incluye, desde luego, a Israel, puesto que este es parte decisiva en el conflicto. No porque por sí solo lo logre, sino por su irrestricta alianza con EE.UU.

La única manera en la que Donald Trump podrá salir de este conflicto relativamente indemne implica tener que elegir entre Estados Unidos e Israel. Israel, por sí solo, no está en la actualidad en condiciones de tomar ninguna decisión sensata en este aspecto. Por ello, la decisión completa solo puede recaer en Estados Unidos, sin negociaciones con este aliado, sino solo con declaraciones de lo decidido.

Israel ha cometido una gran cantidad de excesos muy graves en Oriente Medio, y seguirá cometiéndolos mientras EE.UU. lo siga apoyando. Así que todo depende de lo que Trump elija al respecto: los excesos de Israel, que implica perder a Estados Unidos y, por supuesto, perderse a sí mismo políticamente; o Estados Unidos, que implica acotar a Israel.

Para esta negociación, como para cualquier otra, es imprescindible, como antes menciono, entender la postura de Irán poniéndose en su lugar, empáticamente. Sin este requisito es imposible llegar a un acuerdo, cuando la otra parte no está en posición de doblegarse ante las injusticias, y busca tan solo equilibrio.

Algo que facilita enormemente para Donald Trump la solución de este conflicto de un modo tal que resulte favorecido ante los estadounidenses y el resto del mundo, es que en Estados Unidos, como en gran parte del mundo, hay ya un repudio muy grande, un hartazgo incontenible e inocultable, de los abusos que Israel viene cometiendo contra Palestina, entre otras agresiones descomunalmente desproporcionadas en la región.

Puesto que la única forma de que Estados Unidos y Donald Trump salgan bien parados de este conflicto es atendiendo sus causas (atacar sus síntomas es empeorarlo), esta forma de negociación implica un reconocimiento de lo que actualmente ya la mayor parte del mundo y del pueblo de Estados Unidos desea, y con ahínco, además de Irán: un movimiento firme, decidido, honesto y continuado hacia el equilibrio y la justa moderación, que están haciendo mucha falta en la región. Esto restaurará la paz en toda la región, como por arte de magia, si EE.UU. actúa realmente y con firmeza contra los excesos de Israel, y evitando los suyos. Esto hará que, en automático, Irán y sus aliados bajen las armas.

Esto requiere una auténtica comprensión de las causas del problema. Por esto, he incluido las antecedentes explicaciones. No sería posible resolverlo, verdaderamente, por tratar de crear una apariencia conveniente, sino solo por entender lo que está sucediendo.

Por esto, buscando una paz duradera, mediante un acuerdo muy realista enfocado a este fin, sugiero empezar esta negociación o, mejor aún, precederla con el reconocimiento ante la ONU del Estado palestino, junto al de Israel. Obligar a Israel, por todos los medios, a no atacar, y no solo a firmar acuerdos, a ningún otro país mientras no sea atacado y, si se diera la necesidad, a no hacerlo con desproporción, cueste lo que cueste a Netanyahu.

Sugiero que en la conciencia plena y sincera de la necesidad de que exista un equilibrio en la región para que pueda haber paz duradera y sólida entre todos los países, Estados Unidos, con neutralidad, dialogue con Irán respecto a tal necesidad y le pida sus puntos de vista y proposiciones para negociar.

La inducción a Irán a no desarrollar armas nucleares solo va a ocurrir, sencillamente, si se suprime esa necesidad nuclear iraní para defenderse, y puesto que los excesos de Israel son lo que está alimentando esa necesidad, suprimiendo estos abusos se suprime a la vez tal proyecto iraní.

La promesa de un Irán no amenazado con actos hostiles (ni verbalmente) en cuanto a no desarrollar armas nucleares es incomparablemente más valiosa, más sólida y fiable que cualquier reacción, incluso de apariencia favorable, de un pueblo iraní amenazado y con preocupación por su seguridad.

Para que esta negociación resulte con éxito, es imprescindible no intentar de ninguna manera llegar a un acuerdo que implique ningún incremento del desequilibrio existente.

Hay que tomar en cuenta que lo que aquí propongo no es suprimir completamente el desequilibrio (aunque esto sería lo ideal). Un equilibrio en la región implicaría que Israel dejara de tener armas nucleares. Si Estados Unidos no va a exigir esto a Israel, sino solo a poner coto a sus abusos (persistiendo una grave amenaza nuclear latente), no sería aceptable para Irán entregar su uranio.

El valioso —para todo Oriente Medio y para el mundo— resultado de esta guerra tiene un costo que va a reflejarse en el peaje que Irán cobrará en el estrecho de Ormuz.

Esta forma de negociar resultará en estos beneficios para Donald Trump:

1. Saldrá indemne de esta guerra y, en cierto modo, victorioso, porque habrá logrado el propósito fundamental y, finalmente, del mejor modo posible: la promesa más fiable lograda hasta ahora de que Irán no tendrá armas nucleares.

2. La forma en que lo habrá logrado le atraerá simpatías de gran parte del mundo.

3. Mejorará considerablemente en Estados Unidos su popularidad.

4. Si consigue mantener congruencia y sistematicidad con esta comprensión sobre el problema y su movimiento hacia el equilibrio y, por lo tanto, sostiene una moderación hacia el país persa, este hará lo mismo hacia él durante la postguerra.

5. Estas acciones coadyuvarán importantemente a un progreso notable de EE.UU., del cual más abajo hablaré en detalle.



SEGUNDA PARTE — Cómo evitar la fractura de Estados Unidos



NOTA: Cuando, al final de la primera parte, hablo de que EE.UU. "saldrá indemne de esta guerra y, en cierto modo, victorioso", no uso este último vocablo con el sentido de 'vencedor', sino de 'beneficiado', en la medida en que haya hecho un beneficio.


Cómo reducir la extrema polarización política en Estados Unidos


Tal como predije en otro artículo, escrito en diciembre de 2024, EE.UU. se dirige a una escisión territorial por razones políticas, y las probabilidades de que esto suceda han venido aumentando a lo largo de todo este tiempo, a consecuencia de que los graves problemas internos e internacionales que el país padece (economía, drogas, inmigración) están siendo desatendidos o atendidos de manera improductiva y la mayor parte del trabajo ha consistido en intentos de incrementar el —de suyo injusto— desequilibrio geopolítico y, así, está siendo contraproducente.

Otra fuente de la fractura a que Estados Unidos se está dirigiendo es la creciente y excesiva polarización interna, que no solo también está siendo desatendida, sino que se viene fomentando y empeorando día con día.

Para evitar que estos problemas desemboquen en que el país se divida en dos partes, es imprescindible tomar conciencia de las causas de ello y sus soluciones. Todo esto son síntomas del declive que Estados Unidos padece como consecuencia de sus excesos en todas sus áreas.

Los partidos Demócrata y Republicano actúan cada día más, en todo lo que hacen, muy gravemente en los últimos años, exactamente como compitiendo entre sí por mostrar cuál es el más desmesurado, injusto e ilegal, internacional e intranacionalmente.

Pongo aquí como ejemplo el caso de lo que recientemente sucedió tras la presentación del cantante puertorriqueño Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl. Enseguida, algunos políticos del Partido Republicano cometieron este exceso:

En EE.UU., congresistas del Partido Republicano rechazaron la actuación del cantante puertorriqueño Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl, solicitando sanciones no solo en su contra sino también en contra de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) y la NBC, el canal que transmitió el evento.

Así, el miembro de la Cámara de Representantes Randy Fine pidió a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) multar y "encerrar" al artista, cuyo 'show' calificó de "repugnante" e "ilegal" por, supuestamente, usar lenguaje inapropiado.

En su cuenta de X, el congresista publicó la traducción al inglés de la canción 'Safaera' donde figuran las palabras como 'fuck', que no puede usarse en la televisión abierta.

"Si hubiera dicho esas letras, y todas las demás obscenidades repugnantes y pornográficas en inglés en televisión en directo, la emisión se habría suspendido y las multas habrían sido enormes", apuntó Fine, que, no obstante, no tomó en cuenta que en los conciertos los cantantes evitan esas palabras y Bad Bunny no fue la excepción. 

Pese a ello, el republicano dijo que enviarían una carta al presidente de la FCC, Brendan Carr, para "pedir acciones dramáticas, incluyendo multas y revisión de licencias de transmisión contra la NFL, NBC y Bad Bunny". "Enciérrenlos", concluye su mensaje.

A Fine se sumó el representante Andy Ogles, quien solicitó al Comité de Energía y Comercio del Congreso una investigación contra la NFL y la NBC por "facilitar esta transmisión indecente".

"Republicanos piden multar y "encerrar" a Bad Bunny por su 'show' en el Super Bowl
12 feb 2026 15:22 GMT

Lo cual provocó este otro exceso:

El expresidente de EE.UU. Barack Obama se ha pronunciado el sábado en una entrevista sobre la presentación del puertorriqueño Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl, que provocó un debate internacional con respecto al artista, su talento y la representación.

"Tuvo resonancia. Fue inteligente", dijo Obama. "Estaba demostrando y exhibiendo: esto es lo que es una comunidad. Y la gente que no hablaba español y nunca había estado en Puerto Rico vio a esa mujer mayor sirviendo una bebida y a los niños bailando con sus abuelas, y era intergeneracional, y fue un recordatorio de cómo puede ser lo que el Dr. [Martin Luther] King llamaba la 'comunidad amada', [...] que no es perfecta y a veces es caótica", agregó.

"Obama se pronuncia sobre el 'show' de Bad Bunny en el Super Bowl
14 feb 2026 22:51 GMT

Aunque Obama destaca detalles que en sí pueden, aisladamente, considerarse como positivos de esa presentación de Bad Bunny, omite mencionar algo mucho más importante que eso: El hecho de que la carrera "musical" de este "cantante" se caracteriza por ser de un grado de nocividad muy alto y, como muchos otros, está contribuyendo enormemente al declive occidental, al representar, al parecer en cuando menos casi todas sus canciones, el papel de tonto o de retrasado mental extremo, tanto por las letras como por sus balbuceos, con obvia intención de lucrar con el retraso cultural que este lado del mundo padece y de fomentarlo para aprovecharse de ese masivamente destructivo círculo vicioso. De hecho, como es bien sabido por sus fans y por quienes alguna vez nos hayamos detenido a examinar un poco ese fenómeno subcultural, si bien sus apariciones en entrevistas lo muestran como a un sujeto de un atraso educativo e intelectual notable, que apenas ha aprendido a medio hablar en su propio idioma, cuando "canta" estas cualidades se exacerban drásticamente, dejando claramente ver que gran parte de ello es un papel actuado, y cuidadosamente preelaborado, para ese propósito de aprovecharse económicamente de las masas actuales proclives a las distracciones fáciles vacías de un mínimo de raciocinio y plagadas de sentidos extremadamente brutos. Es una exaltación deliberada de sistémica brutez, que actualmente, lamentablemente, no constituye ya una curiosidad esporádica para que incluso la gente normal salga y descanse un poco alguna vez de la rutina diaria, sino que se está convirtiendo en la perniciosa normalidad del entretenimiento de millones de personas, que incluso ya admiran e imitan sus modos de ser.

Por el abuso que todo ello implica, los detalles que, en apariencia, en este caso enarbolan bandera en favor o en defensa de los hispanoamericanos, no constituyen, en realidad, más que un hipócrita y oportunista mercantilismo.

Para el propósito central de este artículo, el problema fundamentalmente señalable en cuanto a lo citado y analizado es que el expresidente Obama defendió a Bad Bunny, y de esa forma en extremo opuesta a la realidad, calificándolo de "inteligente", como reacción a un ataque republicano igualmente extremo. Lo que evidencia el hecho de que las críticas extremas generan reacciones extremas y, así, finalmente, ninguna de las partes en conflicto tiene la razón, para perjuicio de ambas y el país entero, porque no resulta nada de provecho de ello y porque, por el contrario, se incrementa la polarización.

Si, en cambio, los políticos republicanos en desacuerdo con esa actuación se hubieran limitado a realizar críticas sin excesos, constructivas o, al menos, con argumentos, veraces, y no meramente con etiquetas, no habrían provocado esa reacción excesiva de Obama; y si aun así esta se hubiera dado, muy probablemente habría encontrado menos apoyo que la postura republicana, al percibirse esta más centrada.

La excesiva polarización política que actualmente sufre EE.UU. es consecuencia de que los dos partidos predominantes están realizando ataques excesivos entre sí sistemáticamente. Y están, de este modo, inmersos en un círculo vicioso que está continuamente acrecentando esa polarización, esas conductas extremistas encontradas, además de en sus relaciones con el exterior, generando contraproducencias por todos lados, lo cual es sumamente autodestructivo.

Lo paulatino del incremento de tales excesos, durante el proceso de su normalización, los ha mantenido inconscientes para los estadounidenses, como para el resto de occidentales. Sin embargo, es evidente que para la gente que, como los rusos, ha conservado su sobriedad, ese proceso sí es visible. Así, nótese, visitándolo, que el artículo antes citado comienza con la frase "El expresidente estadounidense afirmó que el espectáculo "tuvo resonancia" y fue "inteligente".", destacando, en tal posición, los términos "resonancia" e "inteligente", en alusión a la pueril y vanamente destructiva —para todo el país— contradicción entre los partidos más arriba señalada, que para ellos sí es notoria, al igual que para muchos otros países del polo opuesto y moderado del planeta. Desde su punto de vista, solo para los occidentales las causas de su decadencia son totalmente inconscientes, invisibles, y, por lo tanto, la solución se les escapa, está completamente fuera de su alcance. Pero los orientales no están actualmente en la posición para señalarlo, porque, de un rival o visto como tal, se interpretaría, recelosamente, como con la intención de manipular a su conveniencia, mediante mentiras.

Romper el círculo vicioso que está acrecentando en exceso esa polarización es la única vía hacia su solución y para evitar la escisión a la que se dirige Estados Unidos. Para esto, es imprescindible cobrar conciencia de ello y, enseguida, que una de las partes, o las dos, deponga sus excesos hacia la otra y hacia el exterior (para que allí tampoco se produzcan resultados encontrados en extremo, o absurdamente contrarios a los intereses del otro partido), sistemáticamente, con una conducta coherente.

El abandono de los excesos de un partido desestimulará los excesos del otro y, por ende, es muy probable que este también los abandone o cuando menos los reduzca de inmediato. En el caso improbable de que el segundo de ellos no abandone sus excesos inmediatamente, el primero incrementará, ante su pueblo, un liderazgo que ya habrá ganado desde el momento de haber comenzado a romper ese ciclo nocivo, siendo percibido como el más realista, el más centrado y más confiable para elegir, lo que incrementará el estímulo para que el segundo de estos partidos también se modere y se acerque al primero.

Como resultado de este cambio, habrá un acercamiento entre los dos partidos, que facilitará la gobernanza, notablemente, de los ejecutivos, federal y de niveles inferiores, y el congreso.

La cualidad más importante para conseguir ese estado de moderación, que permita romper ese círculo, es la empatía, la cualidad de saber ponerse en el lugar del otro y tomar en cuenta su punto de vista, tratándolo, al contradecirlo incluso, como a un amigo al que es necesario mostrar otra perspectiva, con argumentos racionales que uno mismo aceptaría en la posición del otro, a fin de colaborar, armoniosamente, en la búsqueda de un bien común productivo. E igualmente en cualquier otra negociación.

Por esto, al hablar de los beneficios para Donald Trump que resultarán de la antedicha forma de negociar el fin de la guerra en Oriente Medio, al final dije que "estas acciones coadyuvarán importantemente a un progreso notable de EE.UU.", tomando en cuenta que aunque una postura en favor del reconocimiento del Estado palestino es más común dentro del partido Demócrata que en el Republicano, esto, al producir un acercamiento hacia los liberales, será un paso que iniciará la reducción de la autodestructiva polarización desmesurada y, sistemáticamente aplicando esa moderación, romperá ese círculo vicioso, aumentará la cohesión interna en Estados Unidos, disminuyendo decisivamente el riesgo de escisión. Todo esto en beneficio del país entero y, por consiguiente, de Donald Trump como el iniciador de este regreso al camino de la sensatez, la productividad y el fin de la actualmente sistematizada contraproducencia.

La intencionada reducción de la polarización intranacional, a niveles sanos y productivos, es un paso esencial para evitar la escisión territorial política en los Estados Unidos, junto a la solución de sus problemas internacionales y otros internos, como la migración ilegal masiva, la entrada y consumo masivos de drogas y la competencia comercial con China, que más abajo abordo.



TERCERA PARTE — La solución de los principales problemas de Estados Unidos


La causa fundamental de los principales problemas actuales de Estados Unidos


Como he explicado en diferentes ocasiones, el declive actual de Estados Unidos es resultado de sus sistemáticos excesos, que están generando sistemáticas contraproducencias. El estado avanzado de su decadencia ha pasado por permitir que China lo rebasara, desde hace ya tiempo, en cuanto a capacidad comercial e industrial, lo que augura que este país muy pronto supere al norteamericano en todos los demás aspectos, incluyendo, en cierto modo, por supuesto, el militar.

Si bien en EE.UU. hay voces que reconocen que el principal reto actual de Estados Unidos es China, la Administración Trump hasta ahora, como antes he dicho, y como previne hace más de un año, está evitando por completo competir realmente con China, y cada día y cada segundo que transcurre en esta situación está acrecentando la ventaja china y el atraso estadounidense.

Una vez que hemos identificado la decadencia estadounidense como resultado de sus excesos (los que a su vez son consecuencia de su inadecuada reacción ante la desaparición de la Unión Soviética), casi toda la atención, o toda primordialmente, debe centrarse en cómo reaccionar adecuadamente (sin excesos, sin arrogancias ni autoritarismos), concretamente, ante el insano desequilibrio que el mundo actualmente aún padece, para grave perjuicio de Estados Unidos mismo y para todo el resto del mundo.

Durante las décadas que han pasado desde la desintegración de la URSS, ha crecido en EE.UU. una ya ahora arraigada postura de cómoda y falsa creencia de que fue premiado con una época eterna de descanso (de la competencia) y de simple autoridad sobre los demás países. Y todo esto es tan falso y tan dañino para Estados Unidos mismo, que no solo nada de eso va a ser eterno (para fortuna de todo el planeta), sino que nunca fue ningún premio, sino exactamente una maldición para Estados Unidos, en la medida en que lo puso en una situación de ilusorio triunfo, cuando en realidad fue una derrota para el mundo entero, con muy graves consecuencias también en perjuicio de este país, que en cierto modo, irónicamente, son, por naturaleza, peores para el "ganador" que para el "perdedor", en la medida en que el primero se aletarga, se autoengaña y cae sumido en periodo de creciente atraso consecuencia de sistémicos excesos (en todas las formas posibles de corrupción y autoritarismo, contra otros y contra sí mismo) cometidos por él mismo.

Del entendimiento de esta realidad depende si Estados Unidos va a resolver este grave problema o este será su ruina, su autodestrucción extrema.

Y aquí hay un escollo concreto fundamental del que están derivándose muchos problemas de EE.UU. y, en consecuencia, del resto del mundo: La obstinada negativa de Estados Unidos a competir con China. Imponerle castigos mediante sanciones y aranceles no es competir, sino enfrentarla de una forma aproximada a una guerra en sentido estricto. Es una especie de ataque militar light, que busca destruir al adversario, en lugar de autoconstrucción. Y puesto que ese castigo además implica el exceso de extenderlo a otros países relacionados, redunda, desde luego, en empeorar aún más el problema de Estados Unidos, aislándolo aún más, a la vez que fortaleciendo los lazos de muchos países con China. Es una perfecta contraproducencia, como si se tratara de una muy cuidadosamente planeada autodestrucción. Pero esto es absolutamente lógico, de acuerdo con el hecho de que todo exceso, en la medida en que se comete, es autodestructivo.

Concretamente, todos los demás graves problemas que Estados Unidos actualmente padece (guerras absurdas destinadas a perderse; drogadicción y narcotráfico masivos; inmigración ilegal masiva; polarización interna extrema que, aceleradamente, se dirige hacia una fractura territorial; creciente aislamiento internacional, que incrementa aún más su debilitamiento) se están desprendiendo de un hecho sencillo del que la Administración Trump se muestra totalmente inconsciente: la procrastinación ante la urgente necesidad de atender realmente (adecuadamente; con eficacia) el problema de comenzar a competir, de verdad y en serio, con China.

Debido a las décadas antedichas de comodidad, relativo ocio e inveteración de falsas ideas arrogantes y autoritarias en los estadounidenses tras la Guerra Fría, que dieron pie a que la ventaja china se esté acrecentando con acelerada velocidad, en Estados Unidos existe un terror inconfeso y rechazo inconsciente y paralizante ante la perspectiva de tan solo imaginarse teniendo que competir con China, verdaderamente, sin proteccionistas atrincheramientos ni trampas, sino a campo abierto, con entera libertad en ambos bandos, para actuar constructivamente.

Y, por supuesto, cuanto más tiempo pasa sin que este problema se atienda, más se agranda la distancia (el atraso de EE.UU. con respecto a China), más crece ese íntimo horror y más se endurece y prolonga la resultante procrastinación, en un círculo vicioso que es muy grave no solo por lo que en sí mismo conlleva, sino, además, por las graves consecuencias que de allí mismo se vienen derivando, para EE.UU. principalmente y el resto del mundo, porque las guerras absurdas y totalmente infructuosas y autodestructivas en que Estados Unidos se viene embarcando son, precisamente, encubiertas búsquedas de consuelo ante dicho terror frente a China. Son procuraciones de trofeos (inalcanzables, por naturaleza, siempre) de consolación para soportar esa de antemano asumida derrota ante la perspectiva de una competencia real con China; como ocurre, de múltiples formas análogas, en toda procrastinación.

De tal procrastinación, se deriva también la ansiosa búsqueda de logros rápidos e impactantes, mediante acciones muy poco pensadas que apuntan a causar en los demás muy favorables, pero irrealistas, impresiones; es una búsqueda desesperada (cada vez más y con angustia) de urgente amparo ante la extrema desvalidez que en Estados Unidos impera ante la perspectiva de enfrentar debidamente (de manera constructiva y eficaz) a China en los terrenos industrial y comercial, aunque esto no se reconoce y se considera tan vergonzoso y tan rechazable como verdad, que se mantiene sepultado en lo inconsciente.

La ansiedad que está produciendo en Estados Unidos el ver a diario a China avanzar con pasos cada vez más grandes y más rápidos es tal, que sus dirigentes, ante la impotencia que experimentan, en lugar de correr por agua frente a un gran incendio, de cuya solución son los responsables, corren a crear otros, que creen menores y sí resolubles para sus fuerzas, que los distraigan y reconforten, a sí mismos y a los demás, de la fuente originaria del problema verdaderamente grave. Mientras tanto, el problema más grave (el con China) se agrava aún más (empeorando aún más el círculo vicioso) y, como si eso fuera poco, los problemas creados para consolar y para consolarse se vuelven cada vez más grandes de lo esperado, porque, al ser meras creaciones, injusticias, por excesos de terror al problema central, son contraproducentes.

En efecto, toda procrastinación es resultado de que aquello que no se decide a hacer parece, al procrastinador, demasiado difícil de empezar, continuar o llevar a término. Esa perspectiva, de monstruosa dificultad, lo desanima por completo y lo paraliza, y enseguida viene, entonces, una fase de autoengaño, consistente en que surge la falsa creencia de que hay otras cosas que debe hacer antes de ello, y de que incluso esas otras cosas constituyen medios, falsamente imprescindibles preparativos, para el alcance de ese objetivo mayor, sin que, de tal manera, ese objetivo se alcance nunca, a menos que hagan a un lado esas falsas creencias de necesidades y se afronte la auténtica y apremiante.

El método más eficaz para superar la procrastinación es ver la tarea pendiente no como algo que se tiene que resolver por completo inmediatamente, sino solo considerar una parte pequeña de ella al comenzar o continuar su solución, y que solo de este modo, al cabo de un tiempo, que es en realidad el más corto posible, se resolverá completamente. Siempre volviendo a recurrir, en cada paso, al método de no enfocarse en partes grandes y paralizantes, sino solo en lo bastante reducidas como para comenzar o continuar en su solución hasta su final, poco a poco.

Esta solución implica un autoengaño positivo, en el que uno se propone no hacer nada más que un poco, claramente definido, y, una vez realizada esa breve acción, se propone hacer nada más que otra cosa pequeña, y así sucesivamente.

Cuanto más repulsiva y desalentadora nos parece una tarea, tanto más pequeños se requiere que sean los pasos para comenzarla, continuarla o concluirla.

Enfocarse, por otra parte, en realizar acciones en búsqueda de éxitos rápidos e impresionantes, como resultado de la procrastinación, puesto que implica un exceso de ansiosa impaciencia y desviación irracional de los problemas reales, no solo retrasa soluciones verdaderas a lo realmente necesitado, sino que no conduce, nunca, a soluciones verdaderas, sino a perderse hasta llegar a un precipicio, en el que se hace imprescindible regresar, habiendo perdido valioso tiempo.

Un claro ejemplo concreto de ello es la búsqueda de un éxito rápido e impresionante —con el fin, inconsciente o consciente, de consolarse ante la renuncia a competir con China— atacando a Irán. Y esto es consecuencia, como antes aquí señalado, de que previamente se incurrió en otro serio exceso contra Venezuela. 

Es su consecuencia, en parte, por el autoengaño que esa acción previa produjo en  EE.UU., elevando su arrogancia e irreflexión, y, en parte, por la reacción, de razonable alarma existencial e indignación, que ello produjo en aliados de Irán (Rusia y China), resultando ello en que el pretendidamente rápido efecto exitoso, desemboque en un problema que ahora pone en riesgo, ahora sí real, a la Administración Trump, causando en Estados Unidos al mismo tiempo un remarcable retroceso en su posición en Oriente Medio.

En cambio, si desde un principio se hubiera tomado el camino "lento" de abordar razonablemente el problema con China, compitiendo con esta sin proteccionismo, sin trampas, sin juego sucio, los avances, aquí sí reales, ya actualmente, aunque posiblemente menos impactantes que los pretendidos con dichas guerras internacionales innecesarias, ya serían palpables y reconocidos, por el pueblo estadounidense y el resto del mundo.

Así, mientras que la guerra innecesaria contra Irán está ahora poniendo en muy serio riesgo la continuación de Donald Trump en la presidencia, debido a la ansiosa impaciencia que la impulsó, como resultado de negarse a competir con China, esta última acción, en cambio, no solo habría alcanzado resultados verdaderamente loables, sino que, además, por ser, precisamente, un proyecto a largo plazo ya iniciado y por sí mismo prometedor, con visos de alcances mayores, implicaría mayores probabilidades de que Donald Trump, o cuando menos el Partido Republicano, prolongaran su permanencia en la Casa Blanca.

Correr con exceso ocasiona tropiezos y contratiempos y la pérdida en la carrera. Hacerlo administrando la energía sin impaciencia es la estrategia ganadora. En este caso, la estrategia que conduce verdaderamente al éxito es concentrarse en los problemas reales, y realmente urgentes (los más temibles y con razón), abordándolos con la táctica que los disuelve y los hace relativamente fáciles de superar: por partes pequeñas.

El problema de la competencia de Estados Unidos con China es tan fundamental que, por su inatención, de él se han derivado problemas mayúsculos reales (esto es, se han creado, con Venezuela, Irán y, pretendidamente, Cuba), que dificultan más la solución de lo fundamental, y otros problemas, al ser abordados con tal impaciente deseo de alcanzar logros rápidos y deslumbrantes, han tenido resultados sumamente improductivos (inmigración, drogadicción y narcotráfico), como más abajo analizaré.

Este hecho de que la guerra estadounidense-israelí contra Irán tenga, esencialmente (por completo por parte de Estados Unidos), su fundamento en su derivación de negar la existencia, o despojar se su prioridad, del problema, sentido insoluble en el fondo por el país norteamericano, de China comiéndose al mundo, mientras mira con horror cuánto se atrasa cada día, implica que mientras este problema real y fundamental no sea realmente atendido, el Gobierno de Estados Unidos (de cualquier partido en turno) seguirá buscando formas alternas e inadecuadas de encontrar o crear problemas, por cuya atención sí le parezca viable o fácil demostrar, a sus ciudadanos, que está haciendo algo reconocible como de provecho, aunque siempre obteniendo contraproducencias, autodestrucción, y agravamiento de su acrecentado retraso con respecto a China, como hasta ahora ha sucedido día con día, conformando una bomba de tiempo.


La proyectada agresión militar contra Cuba


La salida de la guerra con Irán, para Estados Unidos, implica la necesidad de reemplazarla de inmediato con algo que aporte o prometa algún logro de bulto pronto. Necesita generar expectativas halagüeñas o anunciables como tales a los estadounidenses. Tomando en cuenta esta necesidad vital para la Administración Trump, no habiendo, en esa dirección, a la vista ninguna otra cosa que hacer que lo hasta ahora considerado, la opción de atacar militarmente a Cuba es lo único realizable, aunque con mucho peores consecuencias, para Trump, que la guerra contra Irán.

Aun cuando Donald Trump saliera relativamente bien librado de la guerra con Irán, llegando a un acuerdo como el que propuse, atacando a Cuba no solamente desharía por completo cualquier beneficio obtenido de salir de dicho modo de la guerra en Medio Oriente, sino que se encontraría con dos problemas mucho mayores, en cierto modo, que con Irán:

1. Una respuesta militar que, aunque pueda no ser tan abundante como la iraní, sí más inesperadamente eficaz y letal que lo que, equivocadamente, de Irán se esperaba, por las causas que ya antes aquí señalé y en mi artículo La desastrosa derrota de Estados Unidos e Israel en Oriente Medio. Lo que antes he dicho en cuanto a la capacidad de Irán para atacar letalmente buques de guerra estadounidenses en sus cercanías, es completamente válido para Cuba.

2. En una guerra contra Cuba, por ser este un país mucho más pequeño y, por ello y por estar más cerca del enemigo mucho mayor, por ser más vulnerable, así como debido a diferencias sustantivas entre la región y la de Oriente Medio, esta reaccionará de una manera sustancialmente distinta de como lo hizo Irán: más rápida y más contundente a la vez, en la conciencia de que su victoria o su soberanía dependerá de la velocidad con la que logre ocasionar una baja notable en la armada estadounidense lo más pronto posible tras cualquier ataque de importancia recibido, para no arriesgarse a ninguna agresión irrecuperable, e inducir, así, de una forma u otra, el relevo de Trump en la presidencia cuanto antes posible.

3. La oposición de una parte importante del pueblo estadounidense, que será violenta con casi absoluta seguridad, en la medida en que haya destrucción o víctimas civiles en la isla o bajas militares de Estados Unidos, en personal o materiales grandes, siendo estas las imposibles de maquillar. A esta oposición contribuirán en Cuba, mucho más que lo análogo pudo en el caso de Irán, los hechos de que en los Estados Unidos hay gran cantidad de hispanos y que los falsos argumentos (terrorismo nuclear) que los gobiernos estadounidenses le han venido achacando a Irán desde hace ya mucho tiempo son mucho más graves que los meros desacuerdos que a Cuba se están, largamente, endosando, también con sanciones, con las que el mundo, casi entero, se ha mostrado en desacuerdo.

4. Uno de los peores efectos adversos contra esta otra guerra de Donald Trump, y/o entre lo que se recuerde de él como presidente de Estados Unidos, será una contraproducencia análoga, pero más amenazante y peor (mucho peor en política interna) por la cercanía, a la del control del estrecho de Ormuz por Irán: La militarización de Cuba, que, en vista de ese ataque ilegal e injustificado, será justificable y por muchos años, para legítima protección de la isla.

Así, pasado un tiempo, y tomando en cuenta la presencia militar nuclear estadounidense muy cerca de Rusia, y la convencional en territorio chino (Taiwán), el paso a que esto también se produzca por parte de Rusia y China mediante Cuba, sería mucho más corto, y se daría en un tiempo de declive y debilitamiento de Estados Unidos tal (acelerado por sus excesos y contraproducencias), que terminaría normalizándose, y de allí podría pasar a otros países, como, por ejemplo, Nicaragua y, muy probablemente, otros, en vista, en gran parte, de ese ataque a Cuba, precisamente, que sin duda en muchos otros países de Latinoamérica va a interpretarse como un ataque o, cuando menos, una muy grave amenaza también a ellos.

El creciente desbocado belicismo europeo contra Rusia, junto a dicho declive de Estados Unidos, que está llevando a este país a cometer todo tipo de abusos e ilegalidades, es la fórmula perfecta para que ello ocurra. Nada atrae tanto las agresiones como la combinación de debilidad y agresividad. 

Además, como resultado de ello, los vínculos y alianzas (en todos los ámbitos, incluyendo el militar, por supuesto) entre Cuba y sus aliados Rusia y China van a estrecharse mucho más, derivando poco a poco, pero firme y progresivamente, en numerosas inversiones chinas, en el territorio cubano, para su venta en diversos países de América.

Solo hay una forma de evitar que todo esto suceda: evitar atacar a Cuba, levantar el bloqueo y las sanciones, invertir allí, junto con China (sin ningún juego sucio contra este país), y ganar en esa competencia industrial y comercial. No ganar en esta competencia libre y justa no originaría ninguna militarización; pero tampoco desalentaría las inversiones chinas. Hacer lo contrario ocasionaría únicamente contraproducencias.

5. Por otra parte, si esta guerra llega a utilizar suelo o costa puertorriqueña o de algún otro país de la región para atacar al vecino cubano, redundará en ataques defensivos obligados de este a esos otros países, generando una aún mayor oposición en ciudadanos de Estados Unidos contra el Gobierno de Donald Trump que lo que los hechos análogos en Medio Oriente ocasionaron en el interior de ese país norteamericano.

Por todo lo anterior, aunque Cuba parece, someramente, un más sencillo blanco de excesos bélicos que como a Irán inicialmente se le consideró, hay circunstancias que hacen más desfavorable una agresión estadounidense contra ese país.

Cualquiera de estas posibilidades, por sí sola, bastaría para que Trump fuera destituido a la mayor brevedad posible, tomando en cuenta la ya especialmente vulnerable y condicionada —en el mejor de los casos de su salida del actual conflicto con Irán— a demostraciones de que realmente ha adoptado una postura radicalmente mejor que la anterior.

Si Donald Trump permite que la guerra contra Irán siga en la misma dirección que hasta ahora, es seguro que saldrá tan mal parado de ello, tan obvia y tan escandalosamente derrotado y desplumado, que no podrá hacer nada contra Cuba, por más que quiera, porque lo tendrá estrictamente prohibido por su pueblo y el Gobierno de Estados Unidos. Durante mucho tiempo después de esta guerra, incluso saliendo en el menos nefasto de tales casos, Irán, justamente, hará alarde, internacionalmente, de su victoria, lo que incrementará la humillación para Estados Unidos, que lo va a reprochar duramente a Trump, de manera constante e implacable, con un costo político que, cuando menos, desembocará en su inmediato reemplazo, de una forma u otra.

Ahora que Donald Trump, a consecuencia indirecta, en parte, de su ataque desmedido a Venezuela, se ha metido en este grave lío, en su salida y en la posguerra lo que está en juego es su presidencia.

Si llega a salir de la forma que arriba sugiero, su conservación de la presidencia va a depender, asimismo, de ese modo de salir y de lo que haga después de salir. Va a depender de la congruencia entre esa forma de salir y lo que posteriormente haga. Lo que significa que aun cuando, así, saliera de una forma relativamente positiva y favorable, si enseguida se aprovecha de tal situación para incurrir en otro grave exceso, como un ataque militar a Cuba, lo negociado con Irán, o decidido de manera positiva en relación con la problemática, que habrá permitido a Trump salir de la guerra no muy dañado o, incluso, beneficiado, tendrá ese poder provechoso únicamente por ser visto, por los estadounidenses y por el mundo, como algo muy sensato, inteligente y comprensivo de las causas profundas y de las sólidas soluciones para ese problema. Por lo tanto, incurrir, luego de esa salida, en un ataque contra Cuba demostrará que en realidad en cuanto a Irán nunca hubo nada de lo mencionado (ni sensatez, ni inteligencia, ni comprensión del problema) y se hará evidente, entonces, que todo eso se hizo, hipócritamente, con el solo fin de complacer a Irán y crear una apariencia, falsa, desde una postura ruin, combinando falsedad con conveniencia personal.

Sin embargo, independientemente de este inconveniente en lo moral, resultante de tal proceder, habría otro mucho más determinante contra Trump, en el campo político: Ello pondría muy claramente en evidencia que, entonces, lo que Trump disfrazó de entendimiento de la situación en realidad no fue más que concesiones hechas a Irán, porque, evidentemente, perdió la guerra y no pudo librarse de ella más que de este modo, tan abyecto.

Lo importante aquí es que, independientemente de tal abyección moral, quedará, con meridiana claridad, al descubierto que Donald Trump hizo muy grandes concesiones para poder salir de esa guerra perdida.

La inicialmente supuesta favorable inteligencia se convertirá, así, en desfavorables concesiones y guerra perdida, además de en vileza hipócrita (lo que para fines prácticos puede ser de menor importancia). Debido al declive actual estadounidense, la vileza o abyección hipócrita y de otras índoles es hasta cierto punto soportable por su pueblo y, sobre todo, por sus políticos, como hasta ahora ha sido claro, en las últimas décadas, crecientemente, en múltiples casos. Lo que, sin embargo, no será admisible, en EE.UU., es el conocimiento, de ese modo desvelado, de tan desastrosa derrota.

Por lo demás, ante tal eventual circunstancia, aun cuando Irán no se sintiera compelido a criticar en tal sentido, Rusia y China, testigos cercanos de Oriente Medio, y a la vez aliados también de Cuba, sí lo harían claramente, junto a decenas de otros países, con acritud, agudeza y sorna, para mayor humillación de Estados Unidos, avivando, así, la oposición interna contra Donald Trump.

Por otra parte, el armamento que Estados Unidos está derrochando actualmente es sobre todo un remanente de lo que produjo en tiempos en los que su decadencia y su atraso con respecto a China y, en muchos aspectos, con respecto a Rusia eran mucho menores.

Y de hecho, aunque el Gobierno de Estados Unidos no lo reconozca de forma explícita, es notorio que tal conducta, recurrente con insistencia a lo que les queda militarmente, es precisamente resultado de la enorme desventaja competitiva que este país diariamente percibe en ascenso. Es un agarrarse al armamento con la desesperación con que a una tabla en un naufragio, habiendo un bote cerca que prefiere fingir que no ve, porque si usara esa oportunidad para llegar a algún puerto remando, no podría negarse su responsabilidad sobre su paradero.

La opción de echar mano de este remanente, heredado y fácil, parece, a simple vista, ingeniosa y brillante, si se mira a muy corto plazo, durante el tiempo que pudo dar, ilusoriamente, a Trump y su Gobierno, una breve sensación de comodidad mediante eludir, un poco, la realidad que tanto temen: la necesidad de competir, de nuevo, como ante la Unión Soviética, ahora contra China, Rusia y muchos otros países que están emergiendo con fuerza, y que no van a detenerse en su expansión económica solo porque cualquier otro país los amenace militarmente.

Esta opción militar, finita y fugaz en EE.UU. en la actualidad, ha acudido como último aliento a esa angustiosa huida estadounidense de la competencia, ofreciendo refugio en las armas que restan, con el fin, obviamente ilusorio y vano, de someter o entretener, siquiera un rato, a quienes se obstinan en la incómoda y odiosa competencia y el progreso.

Sin embargo, puesto que la realidad es que el poder militar de cualquier país depende directamente de su desempeño económico, ese último aliento de Estados Unidos, que se niega a competir, tiene sus días contados; y cuando esto llegue a su fin, y ya estamos muy cerca, se verá obligado a hacerlo, para su fortuna, aunque con mayores atraso y dificultades. A menos que despierte ya a la realidad en la que el mundo actual se encuentra y tome el toro por los cuernos, entrando en la competencia.


Las alianzas y competencias que se avecinan


De lo que aquí principalmente voy a hablar, con brevedad, es de las tendencias que de modo inevitable configurarán el mundo con mayor definición que la presente, y del hecho de que, con base en esta razonable predicción, deben tomarse decisiones apropiadas de antemano, para poder sobrevivir y progresar, al máximo, en el futuro próximo y lejano.

En el mundo hay tres muy poderosos factores que determinan entre qué países se producen las alianzas: la agresividad de terceros, la similitud o afinidad (cultural, política, económica, etc.) entre ellos y la geografía. Con el crecimiento de la interacción internacional, en todos los campos, como el comercial y el estratégico militar, la cercanía geográfica ha crecido en relevancia. Estos dos factores a la vez vienen favoreciendo la alianza entre Rusia y China, además de, sobre todo, la amenaza y agresiones militares, económicas, políticas, financieras y en otros aspectos que Estados Unidos está instrumentando contra estos países, y contra todo el mundo, en diversas medidas, pero sobre todo contra estos dos gigantes asiáticos, directa e indirectamente.

La pretensión inicial de Trump, durante su actual mandato en Estados Unidos, de aliarse con Rusia en contra de China, no tenía sustento real, debido a los tres antedichos factores. En realidad, todo está en contra de ello, y en favor de que Rusia y China, en circunstancias como las actuales, mantengan su alianza, en todos los aspectos, y que esta incluso se incremente mucho conforme el mundo sigue avanzando hacia la rebipolarización, que antes menciono como próximo destino geopolítico.

Europa es un caso especial en el mundo como consecuencia de la inconsistencia entre similitud y ubicación geográfica: Está cerca de Rusia, pero difiere en extremo de esta, políticamente; y está culturalmente cerca de Estados Unidos, pero muy lejos geográficamente. Así, Europa es como una isla, que parece salir sobrando en el mundo actual. Es como el asistente en una fiesta que no encuentra con quién platicar.

Como antes he explicado en mi libro Teoría del Equilibrio Universal y en muchas otras publicaciones, el "peso", "masa" o poder de un país o grupo de países que entre sí forman un bloque o una alianza, con relativa independencia de su superficie, número o "volumen", es lo que determina, esencialmente, qué otros se van a unir entre sí para competir con ese otro bloque o país.

La situación actual de Estados Unidos en este contexto es muy peculiar, en parte, porque en el lado opuesto las alianzas todavía no se han consolidado de manera suficiente; pero sobre todo, también, porque Estados Unidos no solo tampoco lo ha hecho, sino que, sobre todo, en la Administración Trump, se ha venido aislando de manera progresiva y peligrosa, que, no obstante, por fuerza de las circunstancias que se avecinan, se revertirá.

Si bien Donald Trump viene actuando ante el mundo como si Estados Unidos solo pudiera contra todo el resto del planeta, esto no es realista. Tampoco en el caso de que múltiples empresas se trasladaran desde otros países a su territorio o se crearan en él, para evitar los aranceles, como Trump pretende.

Incluso en el caso de que la alianza comercial entre Canadá, Estados Unidos y México se transformara en una más libre y sólida, tampoco bastaría para competir con el resto del mundo con éxito. Además, es previsible que en un futuro ya no lejano la Unión Europea y Reino Unido superen su decadencia y su corrupción y, con ello, se vuelvan a acercar a Rusia, después de a China. Lo cual va a reducir las probabilidades de que Estados Unidos, en algún otro gobierno, encuentre allí un entero aliado, que excluya a China y Rusia.

China está expandiéndose con tal velocidad, por casi todo el mundo, que mientras más tiempo pase sin que realmente Estados Unidos compita con este gigante asiático, más difícil le será hacerlo con éxito. De cualquier modo, llegará un momento, como en toda procrastinación, en que EE.UU. se vea totalmente obligado a emprender esta competencia, pese a todos sus temores y desventajas acumulados. Por esto, actualmente el momento más oportuno para comenzar realmente esta tarea es ahora mismo.

El problema del proteccionismo comercial es que, en la medida en que protege a la propia nación de los competidores de otras naciones, desestimula la competencia con estos y, por consiguiente, reduce el progreso en la propia nación con respecto a las otras y, así, lleva a perder la competencia.

Esto puede entenderse mejor mediante la siguiente analogía en la que consideramos que el planeta Tierra es una isla habitada por 10 individuos, únicamente. De vez en cuando hay serias peleas entre ellos, lo cual es inevitable y necesario por naturaleza. Ello equivale a los conflictos militares. Si se quieren entender las razones a fondo de esto, léase mi libro Teoría del Equilibrio Universal. Al mismo tiempo, todos, o casi todos ellos juegan todo el tiempo a pelear entre sí, lo cual es equivalente a las competencias económicas. (Esto es análogo a lo que sucede entre cachorros de animales, como los felinos, sin participar sus progenitores.)

He aquí, entonces, dos posibles situaciones de sus habitantes y sus resultados:

1. Uno de ellos considera rechazable jugar a pelear como los demás, y no lo hace, mientras todos los demás sí lo hacen. Puede ser que la causa de su rechazo sea, por ejemplo, deseo de no socializar, de no ensuciarse, o que lo considera ridículo o innecesario (por sentirse superior a todos los demás, por ejemplo) o por temor a ser lastimado. Pero cualquiera que sea la causa, el resultado es que, debido a que nunca pelea, no aprenderá a pelear y/o va a debilitarse y será dominado e incluso abusado por otros que, debido a que sí pelearon con cierta frecuencia, sí aprendieron a pelear y se fortalecieron mediante esa actividad. Cuando otro u otros traten de someterlo, se verá obligado a pelear en serio y, entonces, o no lo hará y se someterá, o lo hará y, por lo antes señalado, será sometido de todas maneras.

Las peleas de juego, aquí como entre los cachorros, tienen por finalidad aprender a pelear y fortalecerse, para que, cuando surja la necesidad de pelear de verdad, estar ya entrenados y preparados para ganar.

Los beneficios que esos juegos agresivos proporcionan para ganar en peleas en serio son claros (destreza y fuerza); y en el caso de las competencias económicas, los aportes de provecho a los conflictos militares son el aprendizaje de estrategias que esencialmente son análogas (saber pelear, destreza) y el tener dinero (fuerza, poder) para adquirir o construir las armas necesarias para ganar un conflicto bélico.

2. Uno de ellos considera rechazable jugar a pelear con cualquiera de los demás, y no lo hace más que dos amigos suyos o familiares, cada uno de los cuales tampoco pelea más con los otros dos de este grupo de tres personas, mientras todos los demás de la isla sí pelean con todos los que sí quieren pelear con todos; esto es, cada uno de esos siete pelea con seis de los demás. Tomando en cuenta esto, ¿quiénes adquieren mayor destreza y fuerza para pelear, los del primer grupo, que pelean —cada uno— con solo dos, o los del segundo grupo, que pelean —cada uno— con seis? La respuesta es clara: Pelear con mayor variedad y mayor cantidad de rivales entrena y fortalece más que pelear con menos.

Lo que China viene haciendo, desde hace mucho y crecientemente, es lo del grupo 2 precisamente, abrirse a competir con libertad dondequiera que se le permite, y por ello, fundamentalmente, es que sus capacidades (económicas, industriales, financieras, tecnológicas, militares y en todo otro aspecto) están creciendo aceleradamente. Lo que, en cambio, Estados Unidos está haciendo ahora es una mezcla de lo del sujeto 1 del caso 1 y lo del grupo 1 del caso 2, es decir, mantenerse cómodo y falsamente seguro, en dirección a un diario empeoramiento acelerado conducente a padecer subyugación por otros mejor entrenados y fortalecidos.

En un mundo en que una parte no compite, la que compite se come a la otra.


Durante cuando menos los próximos 7 días no podré escribir nada al respecto, porque voy a estar totalmente ocupado en mi trabajo.

En una cuarta parte de este artículo, seguiré hablaré sobre cómo competir exitosamente con China y cómo solucionar los problemas de la migración y el narcotráfico a EE.UU.

En unos minutos, publicaré la versión en inglés de este artículo.



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Abr-23-2026

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