sábado, 8 de octubre de 2022

(4) Acoso sexual en la Casa Pastoral San Vicente de Paul

Última actualización: Jueves 13 de octubre de 2022, 11:08 p. m.

Nota preliminar: Este artículo es un borrador todavía, que completaré próximamente.


"Casa Pastoral San Vicente de Paul", dice el letrero de un lugar, en Guadalajara, Jalisco, en cuyo patio hay un comedor comunitario, para gente de escasos recursos; en el que se prepara y sirve desayuno, de lunes a sábado, a alrededor de 30 personas; pero donde además se cometen abusos con mucha frecuencia contra las personas en estado extremo de vulnerabilidad que allí acudimos.


Casa Pastoral San Vicente de Paul, donde los encargados cometen acoso sexual, amenazas y otros abusos.
Casa Pastoral San Vicente de Paul, donde los encargados cometen acoso sexual, amenazas y otros abusos.


Este lugar se ubica en la calle Jesús No. 275, entre las calles Reforma y Garibaldi, en Guadalajara, Jalisco, México:


Casa Pastoral San Vicente de Paul, donde los encargados cometen acoso sexual, amenazas y otros abusos.
Casa Pastoral San Vicente de Paul - Mapa de su ubicación

Y se dice que pertenece al templo La Capilla de Jesús, localizado a media cuadra de allí, en una esquina entre las calles Jesús y Garibaldi, frente al mercado IV Centenario.


Para la gente con alguna formación moral, o jurídica, está de más decir que aprovecharse de esta diferencia en posiciones, es un agravante que tomar en cuenta; aunque, obviamente, es necesario señalar este hecho, en vista de que al mismo tiempo hay gente para la que las ventajas y las desventajas no parecen tener importancia al cometerse abusos; y otras para quienes esas diferencias son, precisamente, fuente de sádica satisfacción.


El origen visible, y "doloso" (para usar un término jurídico), o decididamente perverso, de prácticamente todos estos abusos, de los cuales voy a hablar casi exclusivamente en cuanto a los que he visto y padecido directamente, es el encargado y cocinero del lugar; cuyo nombre, según algunos indigentes me han comunicado tras preguntarles, es Sergio; y cuya edad, calculo, es de unos 62 años de edad, o más.


Sin embargo, hay ayudantes suyos allí mismo que lo protegen en sus abusos, y que, por lo tanto, son sus cómplices a la vez.


Artículo al respecto:

Amenazas en mi contra por denunciar acoso sexual contra una mujer indigente

http://encompletoequilibrio.blogspot.com/2022/08/amenazas-en-mi-contra-por-denunciar.html


---Continúo escribiendo aquí.



https://archive.org/details/Acoso-sexual-en-la-Casa-Pastoral-San-Vicente-de-Paul_Audio


Contenido de esta grabación de audio:


00:04 Estando otra persona y yo adelante en una fila de unas 30 personas, esperando para entrar al comedor, Sergio, el cocinero, llama solamente a la otra persona, sin considerarme a mí ni a los demás, aunque sobreentendimos que era la llamada para todos, y entramos todos.


Dejo una de mis mochilas en la silla en que normalmente me siento, a cuyos lados hoy están sentados un muchacho y una muchacha. Enseguida voy al baño, regreso y me siento.


El muchacho antedicho, indigente (como casi todos los demás que allí desayunamos), tiene unos 40 años de edad, nació en Guadalajara, aunque vivió un largo tiempo en la ciudad de México, y en los últimos meses ha perdido la vista casi por completo, debido a un padecimiento curable, pero inatendido.


Y ella, indigente también, de unos 37 años de edad, es de origen cubano, y lleva algunos años en México. Antes de esta vez, ella y yo no habíamos platicado casi nada, nunca. La vez anterior que la vi, fue al pasar en la mañana por una banqueta en la que ella había dormido, y acababan de robarle su mochila, en que llevaba todas sus pertenencias.


A esta muchacha, he llegado a encontrármela de cerca muy pocas veces, y he platicado con ella muy poco, casi siempre unas palabras de saludo y despedida, exceptuando únicamente la conversación de la ocasión cuyo audio aquí muestro, en que causalmente coincidimos en esa mesa.


Nunca la he visto ebria o haciendo algún escándalo y siempre la había visto muy seria, antes de esta ocasión, en que platicó mucho, y hasta se rio varias veces.


Nunca la he visto vestir atrevidamente. Aunque ni siquiera debería hacer esta aclaración, porque nunca debe depender de ello el si se acosa sexualmente o no a otra persona.


La mayoría de las veces que la he visto, en cualquier lugar, ha ido sola, y todas las veces que la he visto acompañada por alguien, ha sido por otro indigente, de cincuenta y tantos años de edad, muy noble y muy serio, al que jamás he visto ebrio, en ninguna de las muchas veces (más de cuarenta) que me lo he encontrado, y con el cual he platicado muchas veces, desde hace unos dos años, durante unas 5 horas en total.


03:37 Cuando regreso del baño a la mesa, el muchacho está platicando con la muchacha sobre una herida que le produjo una de las caídas que ha sufrido últimamente, por estar perdiendo la vista.


Luego platican sobre la muerte; su conveniencia y su resultado.


06:20 Pregunto a la muchacha: "¿Oye, tú eres, de Cuba?"


Luego de un rato platicando sobre diversas cosas, dice que está en México porque vino y se casó con un mexicano, al que conoció por Internet; que después se separaron y desde entonces vive en la calle.


Ese día el desayuno allí fueron frijoles y cueritos de cerdo con tomate y cebolla. Sin embargo, la muchacha inicialmente pidió que a ella no le sirvieran cueritos, pues nunca los había probado y, al verlos, le pareció que no le gustarían. El otro comensal y yo que estábamos más cerca, no obstante, la animamos a pedir y probar los cueritos.


23:28 La mujer pide a uno de los ayudantes del cocinero que le sirvan cueritos también a ella, bromeando en cuanto a que no le sirvieron a ella por discriminación racial (aunque no es de piel morena).


24:36 Llega Sergio, el cocinero, a donde está la muchacha, a hablar con ella sobre los cueritos. Y se va.


25:51 Sergio regresa llevando un recipiente conteniendo aproximadamente un kilo de cueritos, como para aparentar gran generosidad, y nos pregunta, a ella y los otros dos que estamos platicando "¿quieren más, quieren más cueritos?"


Es de especial significado el hecho de que este señor jamás sirve comida a nadie allí, * con excepción del caso de esta muchacha. En que, de paso, nos ofreció también a dos de quienes estábamos cerca de ella, como para reducir, anticipadamente, el riesgo ** de indignación por su acoso sexual.


* Quien sirve el desayuno, es normalmente un ayudante; que puede ser una persona u otra, no indigentes por lo general; o incluso, a falta de alguna de ellas, alguno de los indigentes o personas de escasos recursos que allí, con distinta frecuencia, acudimos.


** En realidad, únicamente en cuanto a mí, que tengo fama, en este medio aquí, de inconformarme ante cualquier abuso y denunciarlo.


Y muchísimo menos se muestra, normalmente, tan —supuestamente— generoso con nosotros.


Lo cual constituye, obviamente, discriminación a todos los demás y, al mismo tiempo, favoritismo hacia ella; pero no en modo alguno como alguna práctica de positiva discriminación, tendiente a compensar la desventaja en la que las mujeres se hallan en la sociedad actual; sino, por el contrario, con el fin evidente de aprovecharse abusivamente de esa desventaja, aunada con la de su situación de calle y su condición de inmigrante, tratándose de una persona que al mismo tiempo pertenece a tres reconocidos grupos en estado de vulnerabilidad.


25:54 Sin preguntarme nada a mí, ni a ella, Sergio me dice: "Te voa (voy a) dar tantitos frijolitos de aquí de con la cubana. Tan (están) limpios, pues." Al tiempo que con una cuchara de cocina, toma todos los frijoles del plato de ella, de los cuales ya ella había comenzado a comer, y los pone en mi plato, sobre mi comida.


La muchacha dice: "Aaay, mis frijoles." 


Sergio llena el plato de ella con cueritos y le dice: "Nomás no te los acabes todos, eh."


Yo añado: "Para que se pueda comer los cueritos", como explicación de su injustificada autoritaria acción de pasarme a mí así los frijoles de ella.


Él se sentía seguro de que yo no protestaría de ninguna manera, por su acoso a ella ni mucho menos por ese otro, mucho menor, abuso; por tres pretendidas razones:


1. Iba a darme esta vez más cueritos a mí también. Y no soy más que un indigente, cuya dignidad, por lo tanto, se puede comprar muy barata, según su manera de vernos a quienes allí buscamos alimento, y se nos vende en el sentido físico, a un precio muy caro. Se nos embute de cueritos y se nos exprimen las últimas gotas que de nuestra así llamada espiritualidad nos pueda quedar todavía.


2. Por temporadas de algunas semanas, he ido con cierta frecuencia a ese comedor, hasta que me canso de sus abusos; lo que le demuestra mi necesidad. 


3. Pero sobre todo porque lo anterior le pareció ya suficientemente confirmado tan solo dos días antes, el 13 de junio, cuando él cometió en mi contra un abuso, de tipo sexual también, mediante una broma muy vulgar delante de otros de los indigentes, para hacer alarde de su poder, burlarse de mí y suscitar las burlas de otros, al momento de pedirle un poco más de soya (lo que allí es normal); a la vez que cometió otro abuso, no sexual, pero insultante también, a mi inteligencia y mi dignidad, que con detalle aquí también debo hacer público. Y ya he comenzado a hacerlo, con un audio que también allí voy a añadir:


Abusos en la Casa Pastoral San Vicente de Paul

http://encompletoequilibrio.blogspot.com/2022/10/3-abusos-en-la-casa-pastoral-san.html


Ya habiendo llegado allí con el recipiente lleno de cueritos, cosa que nunca hace, con la excepción de esta ocasión, con ninguna comida, Sergio se siente obligado a ofrecer más cueritos a alguno que quiera más, y enseguida lo hace, en voz muy alta:


26:24 "¿Alguien quiere más cueritos?".


En cuanto termina de servir a una o dos otras personas los cueritos que quedaban en el recipiente que llevó, el cocinero regresa hasta la mujer y le dice en voz baja que tiene ganas de una cubana.


Inicialmente, esto no alcanza a escucharse en la grabación, porque al mismo tiempo el comensal que estaba a mi lado izquierdo estaba también hablando, en voz alta (o no baja), como normalmente todos hablamos.


26:51 Y ella le responde: "¿Y la canadiense, qué?" En referencia, al parecer, a alguna otra mujer, de esa otra nacionalidad, de la que el cocinero debe haberle hablado o mencionado antes, en otra ocasión; a juzgar por lo que luego él añade, como una forma de presumirse como alguien que tiene mujeres de muchas nacionalidades, y como un intento de explicar por qué él pretende tener una mujer cubana.


Y en su objeción ella añade algo, que no alcanza a escucharse bien, por la voz simultánea del otro de los comensales a un lado.

 

26:55 Y Sergio contesta: "Por a, por ahí hubiera empezado." Como arrepintiéndose de haberle dado más cueritos antes.


26:57 Ella: "Sirve que por la cocina, el amor entra por la cocina" y añade algo que no se entiende.


Él, en voz baja, responde, insistiendo, algo breve e ininteligible, en tono ya desanimado.


27:02 Ella deja ya notar molestia en su tono al decirle: "Por eso le digo." 


27:04 Sergio insiste con este argumento: "Que no he tenido ninguna cubana" y añade en voz más baja otras palabras.


27:07 Ella lo interrumpe, diciéndole: "Le vo a (voy a) traer una canadiense."


27:09 Sergio: "Una canadiense, ¿y qué más?"


El otro comensal interviene en defensa de ella (como en abono de lo que propone): "Un día me tocó una canadiense."


Y ella suelta una carcajada.


27:16 Sergio: "Eres linda..."


27:19 Y añade: "Nomás estás endiablada y vale madre."


27:20 Ella: "Nomás me dan... mi chingadera y ya. Me transformo y... en Hércules (aquí añade algo breve que no se entiende). Y se ríe.


27:25 El otro comensal cercano: "En Hércules, en Hulk."


Ella ríe otra vez.


27:28 El comensal: "En Hércules. Se pone, se pone verde y..."


El cocinero se aleja.


27:32 Ella: "Solo, se fue. Me tomo mi tarro de leche y..." Probablemente en referencia a ingestión de pulque.


Segundos después la plática cambia de tema, ya solo entre los tres (por un momento cuatro) que estábamos en ese extremo de esa mesa.


En el minuto 34:33, Sergio regresa hasta el lugar en el que estábamos, e insiste a la mujer.


Y ella continúa oponiéndose.


34:39 Sergio: "No, mija."


34:42 Ella insiste en defenderse, repitiéndole: "¿Y la canadiense, qué?"


Pero Sergio insiste.


34:45 Ella: "A ella no la cortejas."


34:47 Sergio, en voz más baja, que entre las otras voces casi no alcanza a escucharse en la grabación, pero que a la vez yo recuerdo muy bien de cuando lo escuché directamente, da esta cínica explicación: "Ya estoy viejo."


El comensal a mi lado y yo platicamos sobre otras cosas, a la vez que Sergio continúa insistiendo a la mujer, sin convencerla nunca, y se aleja otra vez.


37:49 Camino hacia fuera del lugar, enseguida de despedirme.


Aquí termina la grabación.


Tomando en cuenta las diferencias de posición entre un prestador de un servicio con supuesta pretensión de mera caridad, y quien lo recibe desde una situación en triple estado de vulnerabilidad, ese tipo de proposiciones no debe hacerse nunca, ni por una vez, ni mucho menos reiteradamente, y mucho menos en reacción a repetidas claras negativas, explicitadas por la persona que está siendo objeto de tales abusos.


Si para este sujeto, y cualquier otro, no fueran realmente tales diferencias algo que propicia, abusivamente, esa conducta en él, habría que preguntarle si del mismo modo trata a las mujeres que no están frente a él en igual desventaja, y que, por tanto, pueden defenderse de su acoso.


Y si en defensa de ese acoso él arguyera que esta mujer, indigente ("en situación de calle", según el eufemismo que acostumbran usar los organismos responsables de la indigencia y de la miseria), aunque se ha negado a sus solicitudes no se ha mostrado molesta (a su modo machista de ver) por ello, habríamos de ver si en las mujeres de su igual nivel socioeconómico, o sin la necesidad de desayuno allí, él es capaz de suscitar esa misma reacción de no mostrarle indignación o enojo hasta los grados de gritarle "¡no!" y denunciarlo en la Fiscalía.


Obviamente, de ser esto así, no estaría él acosando sexualmente a una mujer necesitada de un alimento que, a través de él por desgracia, allí se nos ofrece; o se nos vende, mejor dicho, a cambio de sufrir una serie de abusos diversos.


Si este sujeto tuviera la capacidad de convencer o seducir mujeres que no padecen ese estado de vulnerabilidad, o si estas mujeres mostraran ante él ese grado de tolerancia, sin gritarle, denunciarlo o reportarlo, entonces esto sería natural; pero no es así.


Y él mismo, con todo descaro, lo reconoce cuando al insistir en acosar a esta mujer, responde a su negativa diciendo que él no puede conseguirse otra mujer porque ya está viejo.


Lo que en este caso y todos los demás análogos, en los que se propone relación sexual o íntima, debe quedar principalmente del todo claro, es que cualquier meramente aparente (con solo apariencia de real) e incluso por completo real falta de (muestras de) enojo en la reacción, en cualquier relación en que existe esta disparidad de posiciones o desequilibrio de poder, es un abuso, y más en la existencia de cualquier forma de condicionamiento o premiación, como en el caso que aquí denuncio.


Es, incluso, abusiva en muchos de los casos en que la propuesta, en tal disparidad, produce reacciones con del todo claro y hasta explícito consentimiento, toda vez que esta aquiescencia tiende a —y suele de hecho— tener una base —psicológica y moral— insana, por esa misma disparidad; y, por lo tanto, ese "consentimiento", en muchos casos no es en cierto modo real, o, en otras palabras, es insanamente real.


Puede verse un ejemplo de un caso análogo de este —tenue en comparación— problema, en este artículo:


¿Son éticas las relaciones entre profesores y alumnas?

https://nomada.gt/nosotras/volcanica/el-profesor/


Sin embargo, en los casos como el que a través de esta publicación denuncio, siempre hay un evidente y más serio abuso: cuando hay por un lado insistencia y por el otro rechazo a ello; y como si esto fuera poco, descarada premiación ante la perspectiva de la aceptación (incentivo a ello). Y es desde el punto de vista jurídico muy arriesgado, si la afectada interpone denuncia con la pruebas y/o testigos como los que en este caso hay.


La sociedad en que vivimos, sin embargo, es todavía tan machista y corrupta a la vez, que la mayoría de las mujeres no hace este tipo de denuncia (ni ninguna otra, como tampoco los hombres, en México), por ignorancia de sus derechos, por sus —fundados— temores a represalias y por desahucio ante la corrupción en el sistema de justicia mexicano.


Nos corresponde a la sociedad, sin embargo, cambiar esta forma, abusiva (inmoral en todo caso y eventualmente ilegal), de aprovecharse con las posiciones de ventaja, concientizando al respecto lo más posible; exponiendo amplia y críticamente, y —al menos así por ahora— castigando a quienes están cometiendo estas injusticias y a todos sus cómplices.


Tomando en cuenta que posiblemente en este caso se aludió al uso de alguna droga o bebida alcohólica por la mujer víctima de acoso, es necesario aclarar lo siguiente. 


Entre los muchos injustos y absurdos prejuicios que predominan contra la gente en situación de calle, está el de que no merecen ninguna ayuda porque la gran mayoría de ellos son drogadictos o/y alcohólicos o beben más de común.


Aunque esto último es cierto, lo primero es extremadamente absurdo e injusto, y la gran mayoría de la gente, de todo el mundo, ni siquiera tiene idea del porqué de este serio error.


Vivimos actualmente en una cultura que a diario y de miles de formas fomenta este grave prejuicio, contra todo el mundo; incluyéndose, en cierto modo, también a sí mismos quienes la construyen y fomentan. Un ejemplo muy visible de esto, hasta en el nivel internacional, es la enorme migración que los países ricos están generando, por ese muy miope medio, de países pobres, en complicidad con los gobiernos de estos.


No voy a ahondar ni abundar en el tema dentro de este artículo, porque ya en otras de mis publicaciones lo he hecho, y lo haré de nuevo, con más tiempo, en diversos artículos, y libros, más atinentes.


Por ahora aquí solo añadiré que, pese a tal predominancia de los actos abusivos, existe en el mundo una minoría que ya al menos tiene conciencia de que la drogadicción, el alcoholismo y la ignorancia constituyen males que forman parte del vasto conjunto de vulnerabilidades que los gobiernos y la sociedad tienen la obligación, no solo moral, sino también jurídica, de priorizar en su atención y solución.


Otro de los prejuicios cintra la gente que "vive" en la calle, es que son malvivientes, en el sentido de ladrones o gente abusiva.


Sin embargo, en más de dos años que yo he convivido con estas personas, siendo también indigente como ellos (aunque sin drogarme ni beber alcohol) lo que he constatado es que la gran mayoría de ellos está en la calle como resultado de ser mucho más noble (lo cual no significa tonto, sino incluso en cierta forma más inteligente) que la gran mayoría de la gente que no está padeciendo esos problemas socioeconómicos; y por eso no puede adaptarse a esta sociedad en que lo que impera es la capacidad de abuso y de defenderse de los abusivos.


Es así también, mayoritariamente, en los casos de personas indigentes que ves deambular por las calles con cara de malas y hasta con un palo en una mano, como forma de sobrevivir en una sociedad que es mucho más salvaje que ellas.


Las personas que se drogan y/o ingieren alcohol, lo hacen siempre como medio de escapar de una realidad que no soportan, por desagradable.


La vida en la indigencia es en extremo desagradable, y muy difícil de sufrir. Por esto entiendo claramente que la mayoría de ellos se drogue, y que en consecuencia de ello a la vez, que la mayoría de ellos no logre liberarse, nunca o por muchos años, de la indigencia, más que con la muerte.


La vida de las mujeres en la indigencia, es mucho más difícil para las mujeres que para los hombres. Es para ellas mucho más difícil encontrar dónde orinar (no teniendo dinero ni para pagar un baño público, y habiendo muy pocos en que no se cobra); mucho más riesgo de asalto, de robo, de violación y de acoso; por gente sobre todo no indigente e incluso por policías.


Y todavía hay, mayoritariamente, quienes los rechazan por drogadictos, alcohólicos, rotos, etc. Y hasta por sucios y malolientes, en el sentido absurdo de que así les gusta o prefieren estar, en lugar de en el sentido real de estar así porque no tienen dónde bañarse, y de que sufren, enormemente, por su suciedad, y por los varios serios males que de ello resultan; como enfermedades, piojos, asco de sí mismos, vergüenza ante los demás (incluso entre ellos mismos, cuando están más sucios que otros) y, casi invariablemente, más baja autoestima aún.


Esto, aunque muchos ingenuos no puedan creerlo, es parte de lo que padecen casi todos los indigentes (con excepción, en cierta forma, de los pocos que han perdido la cordura ya), y no solo yo. Incluso aquellos que ves tan sucios, que llevan más de un año sin bañarse, y de los cuales llegas a estar convencido, sin pensar en ello siquiera realmente ni por un instante, de que están "locos".


Desde la indigencia, comencé a escribir uno de los libros más importantes que cualquier ser humano haya escrito, Los 100 más grandes errores que la Humanidad está cometiendo y sus soluciones, sin haberme bañado tampoco en unos cinco meses, viendo a otros indigentes no acercárseme por llevar aún más tiempo sin poder bañarse, y a la vez guardando mi distancia, por respeto, de otros que llevan menos tiempo sin lograr hacerlo.


Los 100 más grandes errores que la Humanidad está cometiendo y sus soluciones

http://encompletoequilibrio.blogspot.com/2021/10/esbozo-de-los-100-mas-grandes-errores.html


Aunque "tenía la opción" de bañarme en el río Atemajac, en Zapopan, a unos 6.5 km del centro de Guadalajara, me dolían mucho los pies a cada paso, tras llevar ya muchos meses cargando a diario, permanentemente, dos pesados bultos (mis más básicas pertenencias) hasta dondequiera que podía moverme. Y aunque "podía" conseguir unas cuantas monedas y usar un camión o el tren, para llegar allí, eso era para mí impensable, como para casi todos los indigentes, estando tan sucio, entre gente "normal".


Al escuchar decir que esta mujer llega a estar "endiablada" porque le dan su "chingadera" y se "transforma", recuerdo el hecho de que cada vez que he visto drogadictos que han perdido, permanentemente, la cordura, a causa de ese abuso de sustancias, hablar solos, lo hacen siempre discutiendo, agresivamente, con alguna otra persona imaginaria. Y nunca de alguna otra forma.


En su vida cotidiana, e incluso en medio de ese altercado verbal que realizan con un oponente ficticio o que no está presente, suelen ser muy pacíficos; de hecho aún más que las personas "cuerdas".


La relativa agresividad de las personas cuando se drogan o beben alcohol, por adicción o esporádicamente, es una forma de desahogo de lo que en su vida sobria y sin efectos de alguna droga están padeciendo.


Por esto, no me extraña la referida reacción "endiablada" de esta mujer, tomando en cuenta su jovialidad y su paciencia ante un acosador, cuando no está ella bajo el efecto (la "protección", el "amparo" o el "refugio", podrían ellos creer o así sentir) de alguna sustancia sedante o estimulante, que las saque de este mundo que les es insoportable, o que les permita enfrentarlo, respectivamente.


El mismo acosador de San Vicente, Sergio, resume este contraste de realidades en tan solo unas pocas palabras en cuanto al caso que aquí denuncio, pero igualmente aplicable a la condición bipolarizante en los drogadictos en general, cuando dice: "Eres linda..." (Pese al entorno hostil e injusto en el que vives; causado por mí, por otros y por tu nobleza.) Y enseguida le reprocha: "Nomás estás endiablada y vale madre." (Porque entonces ya no puedo seguir abusando de tu nobleza.)


Ese "Eres linda..." se refiere a la paciencia desmedida con que la mujer tolera los abusos normalmente, y que luego, cuando ya es para ella insoportable esta realidad, la induce a escaparse buscando refugio en consumir una sustancia, que, como Hulk sí puede defenderla.


Cuando veas a un drogadicto por la calle, recuerda esto: solo está, desesperadamente, buscando algo (puesto que no ha encontrado a alguien) que lo defienda de una realidad que no soporta. Está buscando a un Hércules o a un Hulk que le tienda su mano, ya que entre los seres vivos de la realidad no ha encontrado todavía a ninguno.


Esta mujer, viene de Cuba a México a casarse con un mexicano, enamorada de él; se separan y va a dar a la calle, como vagabunda; donde padece frío, robos, hambre y (entre muchos otros serios males) comida al precio de acosos sexuales.


Julio Iglesias canta una canción, que precisamente es parte de su álbum "un hombre solo", cuyo título es "Evadiéndome", y cuyo tema, en un lenguaje un tanto metafórico ("volando sin querer volar, destruyéndome", p. ej.), es el uso de las drogas y el alcohol, como resultado sufrir ante una realidad insoportable.


Este enlace es al video de esta canción, que espero que analices, descifres, comprendas y sientas también:



https://www.youtube.com/watch?v=CxIjank326s


Visible y descargable también de aquí:


Julio Iglesias - Evadiéndome.mp4    14.20 MB

https://mega.nz/file/2pNAkLLR#dm7Q9O2GXN36Q4FW6QKFlB9i_ZAP90Z3NqMctzONmbE


---Continúo escribiendo aquí.


Respaldos de este artículo:


Ago-31-2022

https://archive.is/tkaUx


Sep-02-2022

https://archive.is/eA86K


Sep-28-2022

https://archive.is/2D7jU


Oct-09-2022

https://archive.is/wGzao


Oct-13-2022

https://archive.is/28Tlu

https://archive.is/Gs0Dh

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